sábado, 21 de junio de 2008

"Sin las retenciones seríamos jeques árabes"

Nota aparecida en el dirio Crítica Digital


Carlos Armando es agricultor, pero no va al piquete de San Francisco, en el norte cordobés, donde trabaja 1.000 hectáreas alquiladas. Prefiere aguantarse las críticas de sus colegas. Ante Crítica de la Argentina, Armando reveló sus números. Aseguró que entre la soja y el trigo obtiene unos $1.490 de ganancia por hectárea, equivalente a un ingreso anual neto de un millón y medio de pesos. “Nunca nos fue mejor”, dijo. Enseguida se atajó: “Ojo que no soy kirchnerista, ni siquiera lo voté”. Tambero de tres generaciones, cambió las vacas por los granos en los 90. En medio de todo, el campo sublevado contra el alza de las retenciones disparó que si no pagaran derechos a las exportaciones los productores serían “jeques árabes”.

–¿Cuál es su actividad?

–Fui tambero. Vengo de una familia de productores lecheros. Nuestro tambo era grande, de 10.000 litros diarios. Pero hemos dejado la actividad debido a la crisis que tuvimos en los 90. A partir de entonces me dediqué exclusivamente al maíz, trigo, soja y girasol. Tengo 45 años, 20 trabajando en el campo. Produzco en San Francisco. Trabajo sobre una superficie alquilada de unas 1.000 hectáreas. Se las alquilo a diez dueños distintos.

–¿Cuánto cuesta la hectárea en el área?

–Unos 10.000 dólares en nuestra zona, que es el límite de la Pampa Húmeda. Es lo que se conoce como suelos clase 2. Los suelos son buenos, pero nada que ver con Rosario, Pergamino o San Nicolás.

–¿Cómo son sus números?

–Ésta es una zona limítrofe, no es la Pampa Húmeda. El más beneficiado acá es el propietario de la tierra, que se lleva prácticamente el 50% de las ganancias brutas. Al arrendador nos queda un buen margen, pero tenemos a cargo todos los gastos y la explotación.

–¿Cuánto paga de alquiler y qué rindes tiene?

–El arrendamiento está 12 o 13 quintales de soja. Es más o menos el promedio para esta zona. En zona núcleo se pagan hasta 20 y 22 quintales. Tenemos rindes de 30 quintales por hectárea. Son bastante buenos. Este año hubo rindes superiores.

–¿Cómo se reparten ese producto entre semillas, contratistas y demás costos?

–Los costos se incrementaron mucho, pero tenemos 7 quintales de costo. Sumado el alquiler, pago en total 20 quintales. Con un rinde de 30 quintales, quedan 10 de ganancia. Sobre estos hay que pagar impuesto a las Ganancias. Luego, quedan unos siete u ocho quintales de ganancia, unos 740 pesos más o menos, por hectárea y por año.

–¿Recuerda otra época con esta rentabilidad?

–En los 90 estábamos de rodillas en el Banco Nación para pedir plata… No, algún período muy corto en los 80, cuando la soja llegó a 200 dólares.

–Los que reclaman dicen que los arrendatarios están ahorcados.

–Eso no es así. Fue una de las cosas que más me molestó. Porque nos ha ido muy bien estos últimos años. Me indigné viendo productores que se han enriquecido y se quejan; gente muy rica. La verdad es que nos quejamos de llenos. Mi hijo me preguntó por qué no voy al paro. En la escuela lo cargan porque su padre no va a los piquetes. Yo ruego que esto siga como hasta antes del paro, con la soja a 900 pesos, y que siga el trigo a 600 pesos. Estos valores nos cierran perfectamente.

–¿Y a sus vecinos les va tan bien como a usted?

–Mi socio tambero dice que tiene 40% de rentabilidad. Y no es el dueño de la tierra, es arrendatario. Está chocho, y tampoco va a los piquetes. Es el único en el pueblo que no me putea (risas). Se han enojado mucho con mis declaraciones. Me preguntan cómo no apoya al campo. Yo apoyo al campo, vivo de la tierra. Les explico a mis hijos que los paros son para los pobres, no para la gente que está bien. Y trabajamos poco, el resto del tiempo nos buscamos actividades. Yo tengo una huerta. Y porque trabajamos poco, el resto del tiempo se la pasan hablando macanas. A los piquetes van a divertirse.

–Pero las entidades reclaman por los productores a los que les va mal.

–Estoy indignado con las entidades que nos representan, mejor dicho, que no nos representan. Que no haya habido nunca una política agropecuaria es responsabilidad de ellas, que nunca la propusieron. Sancor es una mina de oro pésimamente administrada. (Fernando) Gioino fue presidente toda su vida, con una gestión malísima. Hicieron marchas con gente disfrazada de pobre, tractores oxidados, gomas desinfladas. ¡Eran tractores que tenían guardados en desuso!

–¿No le preocupan las retenciones móviles?

–Estos valores de la soja nos cierran perfectamente, con estas retenciones y con las viejas. Ojalá siga a 900 pesos. Con las retenciones viejas estaría como 1.200 pesos, ganaríamos una fortuna. Y sin retenciones, a 500 dólares son ¡1.500 pesos la tonelada! Seríamos jeques árabes. Pero yo no quiero un país de jeques árabes. Quiero ser rico en un país de ricos, no en un país de pobres. No soy kirchnerista, ni siquiera lo voté.

“Es una psicosis de masa”

“Veía mis bolsillos y no entendía cómo todos salían a protestar, me decían que estaba loco”, contó Armando.

“A mis hijos, en la escuela, les preguntaban: ‘¿Qué le pasa a tu papá que no va a los piquetes?’”, agregó.

“Intenté convencer a mis paisanos, no pude; fui al psiquiatra: pero también estaba con el campo”, relató, desesperanzado.

El productor que arrienda campos a más de diez dueños no aflojó. “Debatí con él una hora y le conté que nunca habíamos estado mejor”, contó. “Al final me lo agradeció, y me dijo que debía ser algo así como una psicosis de masa”, concluyó.

CARTA ABIERTA A EDUARDO BUZZI

PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN AGRARIA ARGENTINA

Me dirijo a Ud. porque ha sido Ud.eEl que ha despertado “Lo Peor”. Tal vez se pregunte lo peor de qué, pero no es lo peor de nada, sino simplemente “Lo Peor”, a secas. Tal vez Ud. insista y vuelva a preguntar. Como lo supongo un hombre diferente al chacarero que Ud, idealiza, ese gringo medio bruto y bonachón que trabaja la tierra de sol a sol, supongo que conocerá una vieja película del inolvidable Igmar Bergman, me refiero por supuesto, a “El huevo de la serpiente”. Como tal vez me diga que no, que me equivoco, que Ud. es así, tal cual se declaró en el discurso del acto de Rosario, un chacarero unido sanguíneamente a su tierra, un hombre heredero de Don Segundo Sombra más que de Martín Fierro, un hombre que vive en un campo metafísico y no en una tierra feroz, donde las peores desigualdades persisten resistentes al paso del tiempo y las leyes, como tal vez Ud. sea todo eso, voy a recomendarle que la vea y reflexione sobre sus dichos, y tal vez comprenda a qué me refiero con “Lo Peor”.

Yo supuse que esta carta podría escribirla a otro remitente, tal vez a Miguens, o a Llambías, sus actuales socios, pero no, en ellos es algo natural y se cuidan muy bien de ocultarlo, pero Ud. no, Ud, que en definitiva pertenece a la clase media, dejó salir en su discurso de Rosario, lo peor de la clase media, esa ideología acomodaticia que se horroriza cuando el espejo le devuelve la imagen del trabajador y sueña, con los ojos abiertos y cerrados, en verse reflejado en el espejo de los de arriba.

A esta altura, seguramente Ud. pensará que esta carta es un agravio, y tal vez no se equivoque, permítame al menos, que no sea un agravio gratuito y que justifique lo que estoy escribiendo.

Suponiendo que Ud. insista en que no ha visto ni verá la película de Bergman, y por lo tanto continúa sin entender a qué me refiero con lo peor, déjeme que le diga que lo peor son todas esas manifestaciones que tienen que ver con el racismo, y Ud, las ha despertado en el discurso de Rosario, y ha utilizado las palabras justas, para que fueran entendidas por quienes tenían que entenderlas: decir que van a transformar el país en serio, que van a cambiar de modelo, que los Kirchner son un obstáculo, suena a contraseña y le explico por qué, suponiendo que Ud. siga intentando identificarse a ese chacarero bonachón, que no sabe nada de nada.

También dijo, y es por donde voy a empezar a aclararle mi agravio, que Uds, son los hombres de la pampa gringa y que los iban a tener que sacar con los pies para adelante, palabras más palabras menos. Tal vez Ud. lo diga con conocimiento de causa, pero por las dudas, quizás deba recordarle que su pampa gringa está manchada de sangre, que para que la pampa sea gringa hubo primero que desalojar al indio, y que precisamente los desalojaron así, llevándoselos con los pies para adelante. Y sabe qué, Señor Buzzi, esa sangre no se lava, esa sangre va a persistir eternamente; pero claro, tal vez Ud. piense que no es responsable, que eso pasó hace mucho tiempo. Le digo que no, que sigue pasando, que todos los días seguirá pasando porque la historia del despojo sigue sucediendo hasta que no haya justicia. Tal vez, Ud. me alegará que es historia antigua; puede ser cierto, desde un cierto punto de vista lo es, pero déjeme decirle que nunca un crimen se transforma en algo natural. Pero si acaso no logro hacerlo reaccionar y comprender a qué me refiero con “Llo Peor”, voy a recordarle otra historia, que no es tan antigua y que Ud. por sus años debe conocer muy bien: me refiero a los lock out patronales (igualitos a los de ahora) de 1975, tan poquito tiempo antes del golpe de estado, fogoneado y organizado por sectores civiles ligados al –vaya qué casualidad- campo; o acaso Ud. No recuerda que quien era el referente de CRA en ese momento, fue el secretario de agricultura del Gobierno genocida de Viola. Y ya que estoy hablando de CRA, con quien Ud. sueña transformar este país en serio, con quien piensa cambiar de modelo, lo invito a que le pregunte porque qué CRA, después del golpe se acomodó y se olvido de sus socios de piquete y no le dio pudor hundir a los pequeños y medianos productores.

Discúlpeme si lo agravio otra vez, pero Ud. no aprende de la historia y se empeña en estar siempre en el lugar equivocado en el momento equivocado. Si Ud. de verdad quiere cambiar de modelo, mire bien a quien lleva de socios, no vaya a ser que vaya por lana y termine trasquilado. Después no diga que no le avisé y que no sabía. Vea que fácil es ir anudando las palabras. No sabía, fue la frase salvavidas de una gran parte de la clase media para disculparse por haber llevado la calcomanía “Los argentinos somos derechos y humanos”; también dijeron que no sabían cuando respondieron a la convocatoria del Gordo Muñoz a que manifestaran donde la CIDH recibía la denuncias de violaciones de derechos humanos en 1979. Le recuerdo por si Ud. insiste en que no sabía, que en ese año seguían desapareciendo de a miles. Se lo recuerdo, se lo afirmo, Llambías es socio responsable de todo aquel horror, y sabiendo eso, ¿no le corre un sudor frío por la espalda cuando lo escucha decir que la gente sale a la calle por su dignidad? Qué puede significar la palabra dignidad en boca de Llambías?

Ahora que dije la gente, no quiero olvidarme de “Lo Peor”, porque “Lo Peor” es la naturalización de que si es negro y pobre no tiene ideas, y Ud. es resposable de que esa idea, que estaba dormida, haya despertado. Si alguien se moviliza a favor del gobierno es un negro vago pagado, en cambio, cuando se movilizan a favor del campo, es “La Gente” la que sale, con lo cual (disculpe si lo mío es un exceso de academicismo) si la gente sale a defender al campo, quienes apoyan al gobierno no son gente (lógica del tercero excluido suelen decirle). Ahora yo le pregunto, qué clase de gente, pregunta vana porque la respuesta es más que conocida: gente común. Sin embargo, permítame que le diga, que en el cacerolazo del día lunes, yo vi y escuché a mucha gente tirando bombas de estruendo ¿será que la gente común, que se mueve espontáneamente guarda en su placard un stock de bombas de estruendo por las dudas haya desabastecimiento en navidad? La verdad que para eso no tengo respuesta y tal vez Ud. Sí, tal vez pueda decirme que no fue tan espontánea la movilización, tal vez pueda Ud. Decirme que sí, que hay alguna gente detrás de todo esto, como ese hombre que estaba detrás de De Angelli, me refiero a Julio Mendez, que está procesado por los centros clandestinos de Tandil, foto indigna si la hay, y que la prensa, esa que aboga por la libertad de prensa y de información, se ha ocupado muy bien de no hacer circular (qué diferencia con la trompada de D´Elia que la pasaron hasta el hartazgo, sin hablar de cuando la prensa dijo que D´Elía dijo que iba a matar a los oligarcas y cuando presentó la grabación para demostrar que había dicho todo lo contrario, nadie salió a mostrarlo, qué diferencia no Sr. Eduardo?).

Que los pobres no piensan y son arrastrados como ganado, decir eso, pensar eso, eso es “Lo Peor”; que sólo “La gente” que apoya al campo es “La Gente”, eso es “Lo Peor”; idealizar al campo e identificarlo con el ser nacional, eso es “Lo Peor”. Ud. Tal vez sepa, pero puede ser que me diga que no, que la “Liga patriótica” en la década del 20 también hablaba del ser nacional y lo ligaba a la tierra, pero yo le pregunto, Sr. Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina, tranqueras adentro, donde de verdad empieza el campo, ¿es tan gringa y bucólica y portadora de ser nacional? ¿No le parece que se está olvidando de algo? ¿No le parece que se olvida del trabajo infantil, que en el campo es una endemia, a pesar de estar prohibido por la ley? ¿No le parece que se olvida de los trabajadores rurales, que son los peores pagos del país y que además no reciben de Uds, (o va a decirme que no sabía) los aportes patronales correspondientes para que tengan jubilación y obra social? Lo que nos lleva a un tema que le diría que no es directamente “Lo Peor” pero lo roza: la evasión ¿Puede Ud. Decirme, afirmarme, casi gritarme como lo hizo en rosario, que no sabe que los productores agrícolas (yo no sabría decirle si son pequeños medianos o grandes, tal vez pueda Ud. desburrarme en la materia) evaden impuestos? ¿Puede Ud. afirmarme que desconoce esa maniobra por la cual le hacen firmar a indigentes (qué casualidad, esos mismo que sus acólitos no consideran gente, esos mismo que les parece monstruoso que marchen por el choripán y la coca pero no les parece igual de monstruoso que firmen cartas de porte) los formularios de exportación para evadir las erogaciones que deberían hacer? Ya estallaron dos casos, uno en Chaco, el otro en Río Cuarto, muy cerquita de la cama de la Asesinada Nora Dalmasso, ¿Cuántos más habrá? Pero aunque fuera uno solo, dígame Sr. Presidente de la Federación Agraria Argentina, dígame sin ruborizarse, de qué reglas de juego claras habla, si cada vez que un gobierno saca una ley Uds. se las ingenian para burlarla. Reclamar reglas de juego claras, y violarlas permanentemente, eso forma parte de “Lo Peor”. Hablar de países serios, previsibles, refiriéndose a los países desarrollados, y ser los principales violadores de cuanta ley pretende normalizar la actividad, eso forma parte de “Lo Peor” Cuando Ud. Dijo que el chacarero no quería la compensación porque no quería dádivas, no está escondiendo que no aceptan la compensación porque la mayoría no está correctamente inscriptos? Dígame que no, voy a intentar creerle, pero me cuesta sabe, me cuesta porque no entiendo muy bien cómo puede saludar la reforma agraria de Evo Morales y después aliarse con la SRA y con CRA que si estuvieran allá, ya lo hubieran matado al pobre Evo, por pobre, por indio, y por pensar. Dígame cómo Sr. Buzzi, le juro que todavía estoy intentado desentrañar su corte ideológico, y no puedo, y no me sale más que pensar, disculpe mi limitación, que es un clase media progresista, y que como a todo progresista y clase media, no hace falta más que rascarlo un poquito para que el enano fascista que lleva escondido, quizás dormido, se despierte y muestre todo su odio. De eso se trata “Lo Peor” Sr. Buzzi; de eso se trata “El huevo de la serpiente” del genial Igmar Bergman. Se la recomiendo, él lo dice mejor que yo.

Irrespetuosamente, Sergio Campbell

Principios


Por Alfredo Zaiat

En estos mismos días de intensa puja política con la excusa de las retenciones móviles, el mundo sigue brindando argumentos contundentes sobre la imprescindible necesidad de intervención activa del Estado en el sensible mercado de los alimentos y, por lo tanto, en la renta extraordinaria agropecuaria. México anunció el congelamiento de los precios de más de 150 productos alimentarios básicos hasta el 31 de diciembre de este año, entre los que se incluyen diversas marcas de aceites, frijoles, atún, jugos, sopas, café, leche, entre otros. Por su parte, Uruguay acordó con la industria frigorífica congelar hasta el 31 de agosto el precio de tres cortes de carne vacuna, y definieron ajustes menores al pretendido por el sector empresario para el resto. Hace poco Brasil suspendió la exportación de arroz, que junto al frijol negro es la base de la alimentación de los pobres de ese país. Existen varios ejemplos más de países que han empezado a aplicar instrumentos de política económica para asegurar la soberanía alimentaria de su población. Por eso cuando se realizan comparaciones con países de la región el camino es evitar la ingenuidad, en el mejor de los casos, y la chapucería, en la mayoría, del afinado coro mediático y de los cuatro representantes de un sector del campo elegidos por el voto corporativo de sus afiliados.

Del mismo modo que desprecian el impacto devastador del aumento de los alimentos sobre los más vulnerables de la sociedad, ya sea con piquetes que desabastecen o cuestionando las retenciones móviles, medida esta última que es apenas una de otras necesarias para asegurar la soberanía alimentaria, el bloque económico más poderoso emergente del nuevo siglo confunde, tergiversa y cautiva conciencias. Como antecedente para almas atribuladas por la magnitud del conflicto, los bancos y las privatizadas hicieron lo mismo durante la década del noventa, con el mismo acompañamiento de gran parte de la prensa y el entusiasmo de un sector de la clase media, con los resultados ya conocidos. La diferencia es que en esos años el poder político defendió con vocación militante esos intereses corporativos. Entonces no había conflicto que se exteriorizara, aunque sí latente. Hoy, la administración kirchnerista no buscó desarmar ni destruir esos intereses, apenas intentó una tibia intervención en la distribución de una renta excepcional, que igualmente ha provocado una reacción descomunal de ese poder surgido de la trama multinacional sojera. Esta violenta reacción debería ser una señal para ciertos dirigentes progresistas que con tantas cabriolas discursivas terminarán llevados en andas en la apertura de la Exposición Anual de Palermo de la Sociedad Rural.

La confusión es la principal estrategia elegida por la dirigencia del sector del campo privilegiado por muy elevados precios internacionales de los granos. Ahora que las retenciones volverán a ser debatidas en el Congreso, la inconstitucionalidad de la medida y confiscatoriedad de las alícuotas son los argumentos esgrimidos, aunque no fundamentados más allá de generalidades. Con vocación de rigurosidad más que de espectacularidad, los economistas del Grupo Fénix de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA ya tienen en su poder un documento base, para discutir el jueves próximo, referido a Los principios constitucionales aplicables a los derechos de exportación. El trabajo fue realizado por el tributarista Arnaud Iribarne, que como antecedente frente al elenco de especialistas que domina el discurso mediático fue secretario de la comisión “Problemática fiscal de la actividad agropecuaria” de las XXXIV Jornadas Tributarias organizadas por el Colegio de Graduados en Ciencias Económicas, en Mar del Plata en 2004.

Iribarne explica en ese documento que “es sabido que mientras Chile y Brasil se reorganizaron rápidamente después de su independencia, a las Provincias Unidas del Sur les llevó 50 años de enfrentamientos. Uno de los temas en disputa era la Aduana y a quién le correspondían sus recursos. Cuando se incorpora, en 1860, la Provincia de Buenos Aires a la Confederación, se establece que en la ciudad de Buenos Aires tendrá su sede el Gobierno Federal y que se financiará con los derechos aduaneros”. Luego precisa que el artículo 4 de la Constitución dice: “El Gobierno Federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro Nacional formado por el producto de los derechos de importación y exportación (...) y demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población establezca el Congreso (...)”. Concluye entonces que “por lo expuesto estos recursos son originarios del Gobierno Federal y tienen naturaleza distinta de los impuestos que les corresponden a las provincias, que las mismas delegan su administración y cobro en la Nación y que luego se coparticipan entre ambos”. Recuerda que los Derechos de Exportación existieron desde 1853 con carácter provisorio, con el objetivo de que los gastos federales se sostuvieran exclusivamente con los aranceles de importación. Y que la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay originó gastos adicionales que hicieron prorrogar la vigencia de derechos a la exportación. Menciona que “en muchas democracias modernas, se considera facultad del Poder Ejecutivo nacional ‘regular las tasas’ por considerarlo una herramienta de política económica sujeto a variaciones coyunturales”. Explica que el trámite parlamentario de las retenciones es inadecuado por dos motivos:

1. Es lento, en un mercado internacional volátil.

2. Es público, lo que permite a los agentes de comercio exterior anticipar sus operaciones con un criterio legítimo de “economía de opción” antes que esté promulgada una ley que le resultará más gravosa. Es elocuente la arenga de Alfredo De Angeli a no vender granos ahora porque luego del debate en el Congreso puede ser más benficioso para los productores.

Uno de los cuestionamientos de la dirigencia agropecuaria se refiere a que los Derechos de Exportación surgen del Código Aduanero. El tributarista Iribarne explica que ese código fue promulgado por ley 22.415 del 23 de marzo de 1981, recogiendo lo que decían leyes anteriores en cuanto a las facultades del Ejecutivo en esa materia. El artículo 755 de esa norma dispone que el Ejecutivo podrá “gravar con derechos a la exportación, desgravar y modificar los derechos de exportación establecidos (...) con el objeto de cumplir algunas de estas finalidades:

- Asegurar el máximo posible el valor agregado en el país con el fin de obtener un adecuado ingreso para el trabajo nacional.

- Estabilizar los precios internos a niveles convenientes o mantener con volumen de oferta adecuado a las necesidades de abastecimiento del mercado interno.

- Atender a las necesidades de las finanzas públicas”.

Por el artículo 1 del decreto 2752/1991 (Boletín Oficial 13/01/1992) se delegaron en el Ministerio de Economía las facultades conferidas por el artículo 755 del Código Aduanero. Iribarne se detiene en la delegación de facultades al Ejecutivo, destacando que el artículo 75.1 de la Constitución dispone que el Congreso debe legislar en materia de importación y exportación. Con ese criterio menciona, sin embargo, que “el Congreso debió derogar –la delegación efectiva otorgada en el Código Aduanero de 1981– en un plazo de 5 años a partir de la jura de la Constitución”, pero “no es el único tema que el Congreso tiene pendiente a causa de la reforma constitucional”, apunta. Para aclarar que por el momento se aprobó la Ley 26.135 (Boletín Oficial 24/08/2006) que establece: “Ratifícase en el PEN por tres años la totalidad de las delegaciones legislativas sobre materias determinadas de administración (...) emitidas con anterioridad a la reforma constitucional de 1994”.

Por último, Iribarne aborda la controversia sobre la confiscatoriedad de las alícuotas de las retenciones móviles, señalando que “se sostiene apasionadamente que supera el 33 por ciento, que sería el límite que establece la Constitución”, pero ilustra que “en el texto de la Constitución nacional no existe ese límite ni la Corte Suprema lo ha establecido con criterio general”. Pone como ejemplo que “la alícuota actual del impuesto a las Ganancias para las sociedades anónimas y las sociedades de responsabilidad limitada es el 35 por ciento, al igual que la alícuota marginal sobre las personas físicas. A nadie se le ocurrió que pudiera objetarse por superar el 33 por ciento”. Y menciona que “por el contrario los aranceles tienen como función proteger al mercado interno de las variaciones de los precios internacionales. Han existido aranceles al ingreso de artículos suntuarios que superaban el 100 por ciento del valor CIF del producto sin que se objetara su constitucionalidad”.

Su conclusión, entonces, para ser debatida por economistas alejados de intereses corporativos, es que las retenciones móviles cumplen con el principio de razonabilidad, legalidad y no confiscatoriedad

La política en manos de la oposición mediática


Por Nicolás Casullo
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Se habita un tiempo donde lo mediático roba casi todo lo real de la realidad. La carencia de ideas y programáticas de una oposición política no constituida definidamente, provoca que esta ausencia haya sido reemplazada, cooptada, tal vez casi de manera definitiva, por la lógica de la información de masas (movilero, locutor, entrevistador, periodista analista). Una lógica mucho más eficaz, y con sello de época, en la trama de la sociedad, donde los medios en su “no hacer política” hacen la sustancial política diaria que confirmaría la imprescindible muerte de la política, dejada atrás como lo zángano y corrupto en la vida de los argentinos.

Una lógica periodística del slogan, de la frase compactadora, del título fuerte, del copete “síntesis”, del dato gancho, del impacto efectista, del hallazgo ocurrente, del reduccionismo de corte publicitario “en tres palabras”. Una lógica de la trasmisión diaria en cadena de todos los informativos. Una lógica mediática bandolera, cuyo oficio totalizante ha devenido desvalijar los hechos centrales, quitar del medio los sentidos que importarían ver debajo de la hojarasca, sustraer los significados. Cumplir entonces puntillosamente el repertorio conservador, reactivo y antipolítico del statu quo permanente, mientras se almuerza con Mirtha Legrand: un sentido común esparcido, siempre logrado, que el dominio entre bambalinas del país y las apetencias del mercado capitalista necesitan para explicar el mundo. Todo se “compra”, todo se “vende”. Por lo tanto lo único cierto es “el mercado”. La mercancía informativa expone un supuesto mundo a su imagen y semejanza, como lógica que rotula y marca tecno-masivamente a la ciudadanía.

Ejemplo uno de atraco mediático. La Presidenta dijo en la Plaza: “desde una corporación, cuatro personas a las que nadie votó, a las que nadie eligió, se reunían, deliberaban, decidían y comunicaban al resto de los argentinos quién podía andar por las rutas del país y quién no”, significando que ningún sector o instancia civil puede asumirse ese poder, salvo el Estado y el gobierno elegido por voto, que puede plantearse esa acción interruptora bajo conmoción o conflicto grave interno y externo, o en circunstancias excepcionales de un orden amenazado. Los grandes medios gráficos, radiales e informativos concentrados, transformaron sin embargo inmediatamente esa frase sobre los representantes del agro, en: “cuatro personas a las que nadie votó”, como si la Presidenta ignorase algo que sabe hasta el menos avezado de los ciudadanos: que efectivamente fueron votados, gremialmente, para gobernar las normales tareas de cada asociación. Pues bien, sobre esa falacia extrema de poda mediática, se montó el mayor sintagma explicativo de las últimas 72 horas para recalentar las aguas del conflicto.

Ejemplo dos de sustracción mediática. Durante estos cien días y pico de dura protesta que planteó el lockout agrario, un acontecimiento extraordinario superó al resto de las noticias, de los datos, cifras, diferencias y voces. Y ese suceso fue el corte de rutas o tractorazos permanentes que asolaron el país, lo desabastecieron de alimentos, suministros y libre paso de la gente, hasta alcanzar grados de caos y de sociedad “en abismo”. Pues bien, en todo este lapso no hubo ni varios programas, ni los necesarios, ni un solo programa (desde los medios de masas más concentrados y de buena audiencia) que se haya dedicado exclusiva y totalmente a tratar, señalar, reflexionar y condenar con pelos, argumentos, señales, voces y comentaristas esta producción reaccionaria sobre la escena nacional: el país cautivo por los “buenazos mateadores” de las banquinas. Por el contrario, el accionar mediático provocó una inmensa platea social, para la cual ese dato vertebral y nocivo a una institucionalidad democrática con su régimen de partidos, fue absolutamente naturalizado, neutralizado, aceptado, velado en los reales sentidos que portaba de violencia, autoritarismo y brutalidad anticomunitaria.

Qué te digo cuando te digo

Tanto uno como otro ejemplo de manipulación mediática (entre otros) que involucran nada menos que la palabra presidencial y la operatoria anticiudadana mayor de estos tres meses, grafican claramente el estado mental y de conciencia de gran parte de los argentinos, en cuanto a saber de qué se tratan las cosas, que está sucediendo en su país, qué está en juego en los desacuerdos, y qué representan los diversos actores de la escena.

Puede decirse entonces, como perspectiva de comprensión de la crisis nacional, que la posibilidad de avance hoy de un gobierno democrático institucional (que se autoidentifique con amplios sectores populares sufriendo distintos grados de injusticia y postergación de sus derechos sociales) pasa también y de manera cada vez más acuciante por una instancia de desmontar diariamente un orden que cuenta las cosas (para la probabilidad de modificar tales cosas).

Una contienda que sin duda no remite a ninguna Secretaría de Cultura ni a un Ministerio de ciencia pensado casi exclusivamente para la tecnoindustria, sino que remite a la pura política actuando culturalmente, en estado de constante actualización de sus concepciones de masas, hacia las masas y con las masas. Teniendo en cuenta que la disputa neurálgica en nuestra democracia –en un mundo como el actual bajo dinámica transcultural de derecha– es quebrar constantemente disposiciones interpretativas dominantes. Querellar un orden de los imaginarios en cada coyuntura. Expropiar dimensiones simbólicas de masas educadas y formadas por los propios adn del sistema de alienación en su edad audiovisual expandida. Compenetrarse del clásico, y para algunos superado, tema de las ideologías y de las clases sociales, tal cual enseñaban los libros marxistas tan vendidos en la calle Corrientes años atrás.

En la Argentina de estos días se evidencia que el debate por los significados es una lucha comunicacional de masas donde se juega suerte y destino de cada política. Algo similar sucede en América latina. La época democrático popular y todas las izquierdas necesitan un nuevo ensayismo de análisis y de masas cotidiano, que amalgame herencia de sociólogos, de periodistas, de nietos de Jauretche, de intelectuales y cuadros políticos que digan y disputen palmo a palmo conciencias ciudadanas demasiado golpeadas y desorientadas en la última década. Desenredar a las palabras del astuto pastiche mediático de cada jornada. Tratar de llevarlas a un sitio donde les dé de vuelta el aire y las refresque.

Hoy esas palabras, y las definiciones que componen, no muestran. Esconden. Cuando en la “gran radio y la gran TV” se dice tan ecuménicamente “dialogar” se está diciendo en realidad quitar las retenciones. Y cuando se dice pastoralmente “pacificar”, o “buscar la unión de todos los argentinos”, se dice también y solamente quitar las retenciones. Y cuando se hace referencia a un Parlamento con mayoría oficialista por una cuestión de votos, se dice “escribanía para la firma”, “mano de yeso”, o se postula como nueva “calidad democrática” una increíble cámara de legisladores desagregada en “cientos de posturas” cada una por su lado como “las miles de historia de la ciudad de San Francisco” protagonizada por Karl Malden en los ’70.

La “objetividad” mediática

Los medios de comunicación imponen su bestial “diagrama institucional” bajo una horma de mercado que hoy reina soberana. Implantan su matriz de acuerdo a la programación emisora, su valor de lo que sería democracia, la virtud de un votante apolítico que en realidad no debe saber ni siquiera a quiénes elige cuando elige, porque debería votar átomos “libres” de compromisos partidarios. En esa misma dimensión mediática y formativa del espíritu (como dirían los idealistas alemanes del XIX) se organiza un mensaje a repetición con muy pocas variaciones: los gobernadores e intendentes que estructuran la política son todos “rehenes o secuaces de la chequera”, las concentraciones populares son “mercenarios a cincuenta o cien pesos por cabeza”, el Estado de nuestra democracia “una máquina que le está metiendo las manos en los bolsillos a usted señor oyente todos los días”, la adhesión de Hebe de Bonafini a Cristina Fernández “cinco palos puestos sobre la mesa”, y la Presidenta “una secretaria de Kirchner”.

Se asiste diariamente a la desmembración ideológica de lo democrático desde la absoluta irresponsabilidad de los dueños del mensaje, una suerte de aquelarre mediático disolvente de todo valor, y donde no existe propuesta alternativa ni referente ni el menor asombro ante cualquier cosa: estadio societal plausible de ser simbolizado con la pregunta con que Marcelo Bonelli inicia su entrevista con Elisa Carrió la semana pasada en A dos voces de TN: “¿Y doctora, el Gobierno sigue robando?”. O el comentario de un periodista de Radio Mitre a la tarde, Marcelo Moreno, que luego de una entrevista que me hace un programa, de escuchar mis reflexiones críticas al agro, y de cortar la comunicación, cerró el reportaje diciendo al aire: “cuando escucho a este tipo de intelectuales tengo ganas de vomitar”.

Es indudable que en el campo de la contienda política por el significado de los hechos, y sus consecuencias, es donde el Gobierno viene perdiendo terreno en manos de un poder que desgasta, desvaloriza, deslegitima, sin dar cuenta de sus emisiones y sin que nadie le pida cuentas políticas de sus responsabilidades e intereses en los marcos del conflicto. Más allá de sus errores, que los tiene abundantes en la crisis del agro, ése es el dato del presente democrático argentino: si el Gobierno no asume este desafío con el despliegue de todos sus recursos humanos, su proyecto democrático carece de la consistencia persuasiva que la época exige.

La plaza de las Trillizas


Hace rato que el campo seduce a la ciudad, tanto como la ciudad seduce al campo. “Yo estoy con el campo”, se leía ayer en las pancartas cuadraditas que exhibían jóvenes de look Cardon, una marca que, dicho sea de paso, tiene en Palermo su “torre rural”. Parece una bizarrada argentina, y acaso lo sea, pero en el sitio web de la marca que impuso la ropa de estancia entre jóvenes y adultos que de estancieros tienen poco, se indica que sus emprendimientos inmobiliarios se originaron en el deseo de que la gente del campo “se sienta en la ciudad como en su casa”.

Algunos barrios de esta ciudad, anoche, estuvieron con el campo, aunque no se sepa muy bien cuál es el lazo que se estrecha, más allá del espanto que los une, y que es el gobierno kirchnerista. Iba a pasar tarde o temprano, pero seguro iba a pasar ante alguna señal concreta de que había llegado la hora de redistribuir un poco, un poquito, algo de lo que tienen y nunca en la historia han cedido de buena fe o buena gana.

Las Trillizas de Oro lo supieron antes que muchos, y por eso hicieron buenos matrimonios: acabado hace rato su cuarto de hora, las chicas fueron noticia solamente porque las tres eligieron casarse con polistas. Hay un glamour polista que recoge cierta muchachada bilingüe, un toque de distinción en alpargatas, un manierismo de mate con la peonada, un aire de familia numerosa y divina que aunque argentina, es rubia y fina. La base social y cultural del nicho citadino que no tiene empacho en arrebatarles a los piqueteros sus piquetes y que desembarcó en las calles con entusiasmo de debutante, encanto del polista.

A propósito, el lunes 24 me equivoqué de marcha, y en lugar de ir a la de los organismos de derechos humanos aterricé en la de las agrupaciones de izquierda. Quien se atuviera a lo que allí se megafoneaba, jamás hubiese comprendido este país, que un día después, un solo día, ofreció en el mismo escenario el espectáculo del sector agropecuario forzando rebelión en la granja.

A pesar del arrebato con el que estas líneas están siendo escritas, hay al menos un par de cosas claras. Quien votó a Cristina Kirchner se presume que votó algo parecido a lo que pasa. Medidas que redistribuyan riqueza. ¿Por qué hasta ahora no se tomaron medidas como éstas? Porque medidas como éstas no son gratis. Porque la riqueza no se suelta. Porque no hay lógica ni ideología capaces de arrancarle a un sector privilegiado algo de lo que tiene. Porque a la redistribución de la riqueza hay que acompañarla y sostenerla y defenderla de la reacción que provoca. Porque para acompañar un proceso de redistribución de recursos y de asignación de torta hay que hablar claro, tener coraje y poner el cuerpo y la cabeza a favor de ese cambio. Porque es más fácil, desde un progresismo previsible, rancio y fofo, seguir boludeando con el bótox o las carteras de la Presidenta.

Hoy hay miles de personas en las calles con pancartitas que dicen “Yo estoy con el campo”, sin que eso signifique otra cosa que estar en contra de este gobierno y de las medidas que pueden rozarles las ganancias. Así ha sido siempre. Siempre han estado a favor de quien les done favores y en contra de quien se los recorte. No los mueve nada más que el bolsillo. No hay otra ideología que el bolsillo, aunque usen alpargatas y salgan de padrinos del hijo de un peón.

A elegir

Por Eduardo Aliverti

Cuando algo cansa hasta el extremo en que ya lo hace el conflicto entre el Gobierno y el movimiento campestre, se incrementan las probabilidades de que los cansados pierdan la poca o mucha vocación y capacidad analíticas que puedan tener y se dejen ganar por el desinterés. Y hay pocos pasos entre la displicencia popular y la victoria de quienes se valen de ella para imponer sus privilegios de sector.

Un intento de resumen podría ser, hasta acá: a) que el Gobierno eligió la extraordinaria renta agraria como su fuente principal de recursos y como único modelo de eventual desarrollo, sin entrar a considerar si explotar de soja y aprovechar la demanda internacional de forrajes es un programa adecuado y sustentable; b) que en esa lógica decidió incrementar lo que les retiene a los exportadores, quienes socializan las quitas con los productores; c) que esa decisión fue comunicada en marzo último de manera trasnochada; d) que esa frialdad informativa potenció el enojo insaciable de los dueños y arrendatarios de la tierra, dejando –junto con la ausencia de medidas efectivas para pequeños y medianos productores– un flanco imperdonable que permitió la unificación de grandes y chicos en una protesta activa de características inéditas desde el retorno democrático; e) que los unos y los otros emplearon el conflicto para entrar al terreno de la disputa retórica por el modelo de país, mudando la pelea desde un problema sectorial hasta otro en el que se juega quiénes ganan el relato nacional: si el populismo que defiende una tibia intervención estatal en los resortes distributivos de la economía, o los bloques dominantes que creen que el único modelo eficaz es un mercado regulado por ellos y en el que “el campo” viene antes que la Nación como matriz fundante; f) que presos de esa dinámica discursiva quedaron también sujetos a no poder retroceder, ni ante la sociedad ni frente a sus apoyos sectoriales, en la negociación propiamente dicha; g) que lo anterior se tradujo en que ni el Gobierno podía ni puede mostrar que cedió en varios puntos, incluyendo el de revisar el monto de las retenciones a futuro; ni los ruralistas podían ni pueden ceder en sus aspiraciones de máxima, so pena de quedar desacreditados ante una mano de obra sojo-piquetera que ya adquirió rasgos de vida autónoma; h) que como frutilla del postre se sumó a esa dinámica el desmayado mamarracho opositor, estimulado a reanimar fuerzas codo a codo con lo peor de la historia de este país; i) que mientras tanto descansan plácidamente escondidos los oligopolios agroexportadores, los pool de siembra, Monsanto: ni el Gobierno ni la gauchocracia señalan a esos extraordinarios ganadores de la República Sojera y adyacencias, porque el uno quedaría en orsay respecto de su verba nac & pop y los otros ni qué hablar acerca de cuánto de patriótico tiene su lucha.

Seguramente, la enumeración podría agotar el abecedario pero lo que el periodista juzga como liminar está allí y es más: quizá convendría reducirlo a que en este rincón hay un gobierno encerrado en decisiones de círculo estrechísimo, para encarar su “épica” de negocios y módica apropiación de Estado sobre las ganancias de una porción de la clase dominante; y en la esquina contraria, una oligarquía ya más de la cabeza que de poder real, unida a una nueva clase media agraria de los pueblos y ciudades del interior, más dirigencia política que se les subió a babucha. Y más simple también: gobierno conservador de rasgos progres contra conservadores igual de brutos y brutales que toda la vida. Puede que, en virtud de las comparaciones, ruborice un tanto rotular como “conservador” al kirchnerismo. Pero en lo sustantivo, el modelo neoliberal permanece casi intocado y hay que animársele a la palabrita en tanto y cuanto no sea a secas. Si acaso esto último se presta a la polémica, respecto de la vereda de enfrente ni siquiera hay espacio para tal cosa.

Lo que ayer se amuchó en Rosario es una expresión inigualable del pensamiento más reaccionario de esta sociedad, en algunos casos representado por los grupos tradicionales del privilegio; en otros por la inconsciencia social de sectores medios, urbanos y campestres, unidos bajo la bandera del individualismo pequeño burgués y la genética gorila; y en otros por el oportunismo político de liberales y hasta de tribus que se dicen de izquierda. Si se le agrega que se les sumó la Iglesia, sólo que con el cinismo de vías indirectas, el cartón está lleno salvo por un casillero faltante que es la buena noticia: no hay partido militar. Tampoco acompaña el resto del establishment, es cierto, beneficiado por el tipo de cambio alto, la recuperación del poder adquisitivo de algunas franjas medias y, a pesar de que el estilo gubernamental no les resulta muy simpático, la certeza de que el oficialismo es lo único que hay en condiciones de administrar la política. De hecho, están negociando un acuerdo a largo plazo que el Gobierno quiere presentar como el Acuerdo del Bicentenario. Pero las medidas de fuerza del movimiento campestre perjudicaron el clima de buenos negocios, y ya advirtieron que sin el concurso del “campo”, en un país agropecuario, el pacto no tendría sentido. De manera que no se está ante un conflicto menor, porque el poder de fuego de los gauchócratas, lejos de ser todopoderoso, ya demostró que sí les alcanza para lastimar. En el funcionamiento concreto de la economía y en el hecho de que, por un cúmulo de factores, se reaglutinó en torno de ellos un pedazo considerable de la derecha (si quiere vérselo desde una categoría de diferenciación con los rasgos progres del kirchnerismo) o de la derecha de la derecha (si se prefiere juzgarlo con ortodoxia).

El Gobierno está herido y comenzó su desgaste notablemente antes de lo imaginado. Consumió buena parte de su capital político, en gran medida gracias a deficiencias propias que pudo evitar con algo menos de arrogancia y algo más de muñeca. Pero chuparse el dedo frente a lo que juntó en contra sería una ingenuidad de proyecciones peligrosas. Correrlo por izquierda para que se eleve su techo, que hasta ahora es pobrísimo, no debería significar desprecio por el piso o subsuelo que se alcanzó. Y uno de los mosaicos de esa superficie es que el Estado tiene derecho a apropiarse de rentas descomunales, como las del “campo”. Que no haga lo mismo con las tasas de ganancia de otros sectores no invalida lo que sí afecta.

Ayer fue el Día de la Escarapela de Soja y no hay lugar para distracciones. Hay el pecho y hay el culo. Que cada quien se haga cargo de dónde se la pone.

Piqueteros paquetes





Por Walter Goobar


Hubo una época en que los Anchorena viajaban a Europa con la vaca en primera clase para tener leche fresca. Eso forma parte de un pasado en el que la Sociedad Rural ponía y sacaba gobiernos. Aunque el censo agrop
ecuario muestre que hoy existe una elevada concentración en la ganadería, los dueños de las vacas, no son una oligarquía en el sentido estricto de la palabra. Si lo son -en cambio- sus cavernícolas dirigentes: los que hablan de piquetes blancos, los que se benefician de los subsidios, los que reivindican a los represores de la dictadura, los que compran aviones y juegan en política con Macri, Sobisch, López Murphy y Menem. Aunque usen alpargatas, oficien de padrinos del hijo de un peón, esos dirigentes tienen el mismo pedigree que Alfredo Martínez de Hoz.

La Sociedad Rural y Carbap, esta última integrada a Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), junto con la Federación Agraria y Coninagro, protagonizan desde hace dos semanas una batalla contra el aumento de las retenciones a la soja. Estas entidades tienen una posición dogmática en contra de las regulaciones estatales, salvo en los casos en que les benefician.

Para ellos, el aumento a las retenciones es "confiscatorio" y "anticonstitucional", pero no tuvieron problemas cuando el gobierno de Néstor Kirchner sacó del pozo a más de 40 mil productores que habían salido quebrados de la crisis y la devaluación del 2001, refinanciando sus deudas con fondos públicos, sin necesidad de hacer consultas públicas para saber si los contribuyentes urbanos estaban de acuerdo con esos rescates de propiedades privadas.

En su mayoría, los miembros de la Sociedad Rural viven en la Capital Federal o la zona norte del conurbano. En los grandes pisos de Avenida Libertador, en Palermo Chico o en La Horqueta. Los barrios donde se produjeron los cacerolazos.

Son profesionales, graduados en el exterior y atienden sus campos junto con otras inversiones. La estancia es un lugar casi de visita, de reuniones sociales, de veraneo. Sus campos van desde 1500 a 20.000 hectáreas.

Cuando la Sociedad Rural se opone a alguna medida del Palacio de Hacienda, sus dirigentes intentan mostrarse mesurados y utilizar un tono académico. Esta vez no fue asi:

Hugo Biolcatti, el vicepresidente de la Rural es el dirigente que dividió los piquetes en blancos (los propios) y los negros (los de desocupados, pobres y excluidos).

"Yo creo que ustedes se equivocan o no han ido a mirar el color de la piel de los que están haciendo...", dijo Biolcatti en declaraciones a Radio Mitre que le han valido una denuncia por racismo ante el INADI.

Además de ganadero, Biolcatti es un importante productor tambero que ha ganado tanto dinero con el campo que recientemente se compró e un avión. "Gano horas de vida", explicó. "En lugar de viajar siete horas en coche, con el avión llego rápido de un campo a otro". Sin embargo, la verdadera fuente de su riqueza no es el campo sino los subsidios: su tambo, "Estancias La Dorita", obtuvo el 16% del total los subsidios para lechería.

Mas cauto, el titular de la Sociedad Rural, Luciano Miguens, justificó los cortes de ruta y el lockout, asegurando en Radio 10 que "el piquete está de moda". En julio de 2004 Miguens había descalificado el piquete como forma de protesta: "Es hora de terminar con la confusión entre el derecho de peticionar y el delito de extorsionar."

Así como el vicepresidente de la Rural se beneficia de los subsidios a la lechería, Miguens fue beneficiario de los decretos de competitividad dictados por Domingo Cavallo para generar empleo "mediante significativos alivios en el pago de impuestos".

Miguens quiere restablecer el diálogo con el Gobierno, pero el principal freno que tiene es su vicepresidente. Biolcati extrema su postura porque quiere ser presidente de la Rural y eso le reduce el margen de acción a Miguens, porque si aparece haciendo una concesión pública frente al Gobierno va a perder posiciones de cara a las próximas elecciones de la entidad.

Roque Cassini es abogado, empresario, ganadero y un duro opositor a la conducción de Miguens y Biolcatti, a la que acusa de llevar la institución a "la decadencia". "La conducción de la Rural es elitista y oligárquica", afirmó Cassini en una entrevista con Página/12 cuando encabezaba la lista opositora a Miguens. Para Cassini, los 200 mil ganaderos -socios o no de la Rural no son oligarcas: " Hay que diferenciar entre los socios y la mentalidad elitista, cerrada y oligarca de la conducción."

La influencia política de la Sociedad Rural ha sido determinante desde su creación. Estuvo asociada a las dictaduras, a los proyectos autoritarios y al menemismo.

El 24 de marzo de 1977, al cumplirse el primer aniversario del gobierno de Jorge Rafael Videla, la Sociedad Rural publicó una solicitada en la que expresaba su "adhesión a tan fausto acontecimiento". "Las Fuerzas Armadas -seguía- debieron por fuerza y en contra de sus propios deseos llenar un vacío de poder. La lucha contra la subversión ha sido llenada con alto valor y éxito creciente. Se han puesto en marcha las acciones que conducen a la Argentina a un destino de orden, progreso y felicidad". Cada aniversario las solicitadas iban reduciendo el tono encomiástico, y en el quinto ya no dijeron nada.

Durante el menemismo, la dirigencia de la SRA a privilegió la coincidencia ideológica con el riojano, aunque el tipo de cambio perjudicara sus negocios. La prioridad era la aplicación del neoliberalismo sin anestesia, el corrimiento del Estado y el libre comercio.

En esa época en que había 13 millones de hectáreas hipotecadas y 350 mil productores quebrados, la hinchada de Chacarita asistía a la inauguración para aplaudir al presidente Menem.

LA FUERZA DE CHOQUE

A la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) le toca jugar el papel de fuerza de choque de la Sociedad Rural. Pero la mayoría de sus socios son ganaderos medianos que tienen las mismas aspiraciones y horizontes que los terratenientes más poderosos. Son el equivalente al costado conservador de la clase media urbana que hace suyo el discurso y los valores de la derecha.

Los campos de los socios de CARBAP tienen entre 300 y 1500 hectáreas. La mayoría vive en los pueblos cercanos a sus tierras y está en contacto con el día a día de la producción. La entidad forma parte de CRA, que nació en 1932 a imagen y semejanza de la Sociedad Rural, sólo que sin los dobles apellidos, ni la aristocracia, ni la influencia política. Pero es más masiva, ya que agrupa a federaciones de estancieros de todo el país. Sus asociados son más de 100.000, contra los 8000 de la Sociedad Rural. Carbap también apoyó las dictaduras.

Pedro Apaolaza, actual titular de Carbap, justificó la presencia del fallecido represor Luis María Mendía en el consejo directivo de su entidad y publicó un aviso fúnebre en su memoria. El vicealmirante Mendía fue responsable del Plan de Contrainsurgencia Terrorista de la Armada Argentina y fue uno de los ideólogos del lanzamiento de prisioneros vivos al mar.

Apaolaza fue secretario general del Mercado Central entre el 7 de noviembre de 1995 y el 22 de mayo de 1997, durante la intervención de Ricardo Ré -otro ex presidente de Carbap, tiene una causa por los presuntos delitos de administración fraudulenta, malversación de caudales públicos y asociación ilícita, por los que se prevén penas de entre dos y diez años de prisión.

Jorge Aguado, que fue presidente de Carbap entre 1976 y 1978, fue el organizador del paro patronal contra el gobierno de Isabel Perón que fue la ofrenda civil a la sedición militar que estaba en su cuenta regresiva.

Después del golpe, Aguado fue secretario de Agricultura de Roberto Viola y gobernador bonaerense con Leopoldo Fortunato Galtieri.

Más tarde, se desempeñó como vicepresidente y vocero del grupo Socma de la familia Macri y fue uno de los ideólogos del PRO.

Otro de los dirigentes que encabezó la entidad y luego pasó a la política de la mano de Ricardo López Murphy, es Arturo Navarro. El también es un férreo opositor de las retenciones.

PEQUEÑOS Y MEDIANOS

La Federación Agraria agrupa a los pequeños y medianos ruralistas. La entidad nació en 1912 en rebeldía por los manejos de los grandes estancieros y hasta ahora mantenía un perfil combativo frente al establishment del sector. Sus propiedades van desde 30 a 150 hectáreas.

Antes de convertirse en aliada de la Sociedad Rural y Carbap, la Federación Agraria Argentina distribuía un volante con el sugestivo titulo "Lo que no te contaron del boom sojero": "Que el 3% de las explotaciones agropecuarias produce el 70% de la soja. Que solo el 1,3% de las grandes estancias y empresas posee el 50% de las tierras en nuestro país. Que 130 pueblos de la provincia de Santa Fe están en riesgo de desaparecer. Hay 17 millones de hectáreas en manos de extranjeros, mientras continua la expulsión de los pueblos originarios".

La Federación Agraria que -como asociada a la CTA- en los últimos años llevó adelante iniciativas de lucha contra la pobreza y la marginación se convirtió ahora en la coartada perfecta para una ideología que está de contramano con todas las posiciones que la Federación. Lamentablemente la Federación se convirtió en mano de obra barata para los "piquetes blancos" que propugna Biolcatti. Si sus dirigentes creen que pueden montarse en los terratenientes poderosos y en los grupos concentrados del capitalismo agropecuario, para reestablecer la justicia, se equivocan de cabo a rabo.

Coninagro, por su parte, comenzó en 1956 y es una unión de cooperativas. El 80 por ciento de la entidad lo representan dos entidades: SanCor y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).

Si un error cometió el gobierno con el aumento de las retenciones fue el de emblocar a sectores distintos, con realidades e intereses distintos, bajo una dirigencia que ha conseguido que los sectores medios y bajos del campo asuman como propios los valores y la ideología de una derecha que no ha tenido el menor empacho en arrebatarles a los piqueteros sus piquetes y que ha desencadenado una pueblada con la misma displicencia con que toma mate con la peonada. Más que la batalla del campo, el Gobierno ha sufrido una derrota en la batalla cultural cuyo trasfondo es la redistribución de la riqueza.

28-MAR-2008

REHENES DE MONSANTO

(O COMO BRAMAN LAS CACEROLAS LLENAS DE SOJA DEL OBELISCO, Y NADIE OYE LAS CACEROLAS SIN TIERRA DE SANTIAGO DEL ESTERO).
Dedicado a la gente del Mocase, y a los expulsados por la soja, la codicia, la ineptitud de los gobiernos, las topadoras y los plaguicidas.
Por Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo.
Premio Nóbel Alternativo (Estocolmo, Suecia)
Presidente de FUNAM.
Profesor Titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías. Qué duro es ver que el gobierno nacional y los ruralistas luchan entre sí cuando son cómplices necesarios del país sojero. Qué duro es ver cacerolas relucientes y llenas de soja RR en el asfalto civilizado de Buenos Aires. Que duro es ver las cacerolas renegridas y sin tierra de los campesinos de Santiago del Estero. Que duro es ver a los estudiantes de universidades argentinas con sus carteles de apoyo a los ruralistas en huelga, como si Monsanto y el Che Guevara pudieran darse la mano. Que duro es recordar que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes movilizados y esas familias temerosas del desabastecimiento no salieron a la calle cuando los terratenientes de este siglo XXI expulsaron a familias y pueblos enteros para plantar su soja maldita. Qué duro es ver la furia ruralita al amparo de reyes sojeros como el Grupo Grobocopatel. Qué duro es ver el rostro reseco de Doña Juana expulsada, de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja. Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas y sus agroquímicos. Qué duro es comprobar, con los dientes apretados, y con el corazón desierto y sin bosques, que nadie habló en nombre de los indígenas expulsados de sus territorios, de sus plantas medicinales, de su cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato sean los nuevos algarrobos y los nuevos duendes del monte. Qué duro es ver con las manos y tocar con los ojos que nadie habló en nombre de los campesinos echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones judiciales sin justicia para que ingresen el endosulfán, las promotoras de Basf y las palas mecánicas con aire acondicionado. Qué duro es saber que nadie habló en nombre del suelo destruido por la soja y por el cóctel de plaguicidas. Qué duro es comprobar que muchos productores, gobiernos y ciudadanos no saben que los suelos solo son fabricados por los bosques y ambientes nativos, y nunca por los cultivos industriales. Qué duro es saber que para fabricar 2,5 centímetros de suelo en ambientes templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la soja los romperá en mucho menos tiempo. Qué duro es recordar que el 80% de los bosques nativos ya fue destrozado, y que funcionarios y productores no ven o no quieren ver que la única forma de tener un país más sustentable es conservar al mismo tiempo superficies equivalentes de ambientes naturales y de cultivos diversificados. Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades destruyendo ese monte. Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena. Qué duro es saber que miles de argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que miles de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar su ganado con soja. Qué duro es saber que las bajas dosis de glifosato, endosulfán, 2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema hormonal de bebés, niños, adolescentes y adultos, y que no sabemos cuántos de ellos enfermaron y murieron por culpa de las bajas dosis porque el estado no hace estudios epidemiológicos. Qué duro es saber que los bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las cuencas hídricas donde se fabrica el agua son invadidas por cultivos, y que Argentina está exportando su genocidio sojero a la Amazonia Boliviana. Qué duro es comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras y el monocultivo. Qué duro es comprobar que en nombre de las exportaciones se violan todos los días, impunemente, los derechos de generaciones de Argentinos que todavía no nacieron. Qué duro es ver las imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni piquetes, ni cacerolas que los defiendan. Qué duro es comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche solo circularán en la casi clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua. Muy cerca de ellos las cacerolas abolladas vuelven a la cocina.
FUNAM
Fundación para la defensa del ambiente
Environment Defense Foundation.
Casilla de Correo 83
Correo Central, (5000) Córdoba, Argentina.

Nuevas memorias de marzo

Por Nicolás Casullo
Por encima de claros errores del Gobierno en no diferenciar los universos socieconómicos de los productores en el conflicto del campo, podemos plantear cinco aspectos que sobresalen en la presente crisis:

1

La actuación de lo massmediático audiovisual resultó una experiencia casi inédita de impudicia, obscenidad ideológica y violentación de toda “objetividad” en cuanto a política de la imagen y de los encuadres de parte de los canales y sus noticias. Un cóctel de distorsión, analfabetismo, prejuicio y racismo. La espontaneidad de la dupla “movilero-locutor” para explicar las cuestiones que nos asuelan resultó una suerte de catarata indetenible que hizo estallar todo sentido sobre lo que realmente está ocurriendo en la crisis, ante ojos y oídos de millones de personas. Los acercamientos de cámaras donde 100 parecen 10.000, los diálogos donde es peor la ideología del cronista que la del propio entrevistado fascistoide, la conversión de la Sociedad Rural y Coninagro en revuelta de una suerte de “campesinado” andino escapando del napalm, la falta de toda intención ordenadora de los significados que están en juego hacen del noticierismo porteño la “natural” y/o alentada derechización ideológica con que se baña cotidianamente nuestra sociedad mirando la pantalla.

2

El salvajismo concreto de un paro nacional en extremo autoritario, desabastecedor, amedrentador, inflacionario de parte del agro, a partir de una soberbia autoritaria de utilización de poderes, técnicas, de prepotencia de “dueños de la Tierra” y de elementos de contundente eficacia. El paro transformó a la inmensa mayoría de la sociedad argentina en rehén, en cautiva de un lockout básicamente orquestado por una industria multinacional altamente concentrada. Este es el significado biográfico y presente de la actual acción reactiva, muy por encima de “la rebelión de chacareros” sin duda afectados, con que se quiere reconvertir simbólicamente la totalidad de una confrontación histórica. Habría que retroceder a esta relación del peronismo con el mundo terrateniente en el período 1946-55, la creación del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) por parte de Perón para la intervención del Estado en el comercio exterior de las compañías exportadoras, transferir recursos al conjunto de la sociedad, monopolizar el manejo de las divisas y aplicar la paridad cambiaria. Luego del golpe de 1955, el ingeniero Alvaro Alsogaray tacharía de “inadmisible política comunista que retenía el 50 por ciento de las ganancias de la producción del campo”. Así como también en el gobierno peronista en 1973 un proyecto programático de impuesto a la renta potencial de la tierra que hubiese significado el principio de una real reforma agraria en el país. Esta es la historia política, económica que confronta nuevamente hoy en el país con una violencia inusitada, y donde los protagonistas se repiten: el peronismo y las privilegiadas rentas agrarias. Esta lectura de sentidos histórico-sociales es lo que se escamoteó en todo momento y resulta el acontecimiento obviado que deja en evidencia que “ni siquiera podemos hablar de nosotros argentinos, cuando hablamos de la Argentina”. A la vez que expone, como otras tantas veces, que cuando sectores patrimonialistas del país quedan afectados en su alta rentabilidad, la democracia pasa a ser para ellos un retórica ingenua “de otros”: un mundo de mediaciones prescindible. Se asiste entonces a una vieja biografía “campera” antipopular, de horizonte golpista, hoy expuesta como nunca en crudo en cuanto a los intereses hegemónicos que comandan la lógica última de la protesta. Desde este punto de vista el kirchnerismo recobró una extraña fuerza y sentido, medio extraviado en los últimos tiempos.

3

La emergencia de cacerolazos en la capital y sus consecuentes “resonancias” amplificadas. Protesta de neto talante político extrañamente “agrario”, detrás de un manifiesto “delarruaso 2001” (mito poderoso hoy de varios sectores porteños antidemocráticos). Un objetivo golpista para nada “espontáneo”. Preciada meta derrumbadora que se viene tartamudeando desde hace dos años, detectable por ejemplo con sólo repasar la cotidiana relación entre comentarios de lectores y públicos con medios de masas de derecha. Núcleos activos, con ideologías en este caso que muchos testigos ocasionales pudimos fehacientemente comprobar en estos días por Santa Fe y Callao, Belgrano, Recoleta y Plaza de Mayo, que ya no remiten a una melancolizada década menemista del uno a uno, sino que abrieron las puertas de par en par a planteos desembozados de añoranza procesista antiperonista (1976-83) en cuanto a valores, definiciones, odios, y permanente coro exigiendo “que renuncie ya”. Calificativos de una violenta barbarie contra el gobierno recientemente elegido en las urnas (“comunista”, “marxista”, “montonero”, el de “esa zurda ramera”, “el de la puta guerrillera”, “el de los asesinos de las fuerzas armadas”, el de esa “guacha subversiva”). Esto es, una “sana y familiar” experiencia piloto blanca y pudiente de anti-república y anti-instituciones, que hasta ahora no había tenido calle, en cuanto a cómo voltear al “demonio kirchnerista” que retiene el Ejecutivo, la mayoría legislativa y una Corte de Justicia que no responde a los propietarios del país. Algo, como dijo el domingo pasado Mariano Grondona en TV, “insoportable y que se tiene que acabar lo más pronto posible”. Esta violencia destituyente de la presidenta, a grito sostenido, hace vertebral referencia a la protesta de Recoleta a San Isidro.

4

Un desfasaje evidente entre las posiciones del gobierno de CFK, que apuntan a un reformismo capitalista de centroizquierda redistributivo de la renta (en una escena democrática bordeada de afectados y enemistades) y, paralelamente, un alto déficit gubernamental de políticas en el estratégico universo cultural/comunicacional. Esto es, ¿como se construye una política para apuestas democratizadoras fuertes? La dimensión de las explicaciones que tendrían que impregnar a un gobierno que se postula democrático popular se muestra, sin embargo, opacamente concentrada, por lo general, en tres figuras más el ministro de turno. El Gobierno carece de las prácticas de fuertes divulgaciones, de estrategias de alta difusión de docencia social y ciudadana que tanto tuvo el primer peronismo como gestador intelectual de una época popular, además de las decisivas mejoras económicas llevadas a cabo en aquella oportunidad. Se trata entonces de una construcción política que incorpore nuevos integrantes con voces propias desde sus campos de actuación, para un auténtico redespliegue en la cultura y en las realidades en juego y disputa. Sobre todo cuando se pretenden resentir engranajes dominantes a partir del presupuesto de que la política es conflicto en pugna. Alcanzar mundos de nuevas subjetividades sociales que necesitan ser ganados no sólo en el bolsillo, sino en el sentido común, en los imaginarios culturales. La actual crisis demostró que se precisa delegar mucha más capacidad de intervenciones desde distintos niveles de Gobierno, una pluralidad de enunciadores, un esfuerzo por dar letras y una plena donación de confianza. Una horizontalidad del protagonismo para cuadros políticos de gobierno y funcionarios en infinidad de dimensiones, en tanto batalla cultural en un mundo massmediatizado adverso, y re-simbolizador de la escena política. Este tejido político gubernamental, coherente y abierto, precisa ser proporcional a las decisiones en la cúpula.

5

A nivel de experiencia histórica, el actual reformismo capitalista del peronismo es la experiencia democrática de confrontación social más evidente que vivió la Argentina desde 1955. También en cuanto al desagrado, incomodidad, recelo y oposición (aun haciendo buenos negocios) para un dominio histórico empresarial, religioso, militar y de sectores antipopulares, habida cuenta de que el radicalizado ’73 fue un proceso rápidamente abortado con la muerte de Perón y la violencia política.
En este orden de cosas resultan otra vez llamativas (pero no nuevas) las posiciones de las izquierdas. Hicieron todo lo humanamente posible y buscaron todas las argucias y contradicciones menores del conflicto agrario, para mantenerse en silencio, o estar del lado agroexportador, o desleer aspectos cruciales de la coyuntura, u oponerse al Gobierno sin el menor atisbo de apoyo crítico ni lectura de la contradicción principal (Mao dixit), o argumentar que “ni unos ni otros”, o que “todo es el mismo charco burgués”, o que es peor el kirchnerismo que la Sociedad Rural, o plantear ¿por qué no se hace en realidad la reforma agraria, eh?
Variables que resultan risueñas si no reflejasen que en la más dura confrontación entre reformismo con sus contradicciones versus trust multinacional agro-exportador con fuerte tufo capitalino procesista, esa izquierda marxista, piqueterista, nacional, estuvo ausente. O volvió a estar con el general Uriburu contra el yrigoyenismo como en 1930, con el conservadurismo en 1946, con el golpe en 1955 y fundamentalmente en las columnas agroganaderas en el 2008. A esto se agrega un nuevo progresismo liberal radical de derecha y una intelectualidad reconvertida hoy en republicana conservadora, que en el corazón de lo acontecido sólo encontró palabras para el discutible D’Elía como reencarnación, ánima o sombra de Facundo Quiroga ahí justo, pegadito a la Pirámide. Como dice un amigo: “En la Argentina, siempre, la cosa recién empieza”.

La sedición del “campo”

Por ENRIQUE LACOLLA

La insurrección sojera revela la necesidad de contar con una política de desarrollo integral para el país.

La rebelión de un sector del campo contra el grueso de la sociedad, puesta de manifiesto por las concentraciones de esta semana, es expresiva de un viejo problema argentino: la irreductible hostilidad de la clase alta a toda redistribución del ingreso que remotamente afecte sus bolsillos, y a la inconsciencia y el seguidismo de un buen sector del medio pelo porteño y de los productores rurales medianos, incapaces de diferenciar sus intereses de los de la Sociedad Rural y atentos sobre todo a los réditos que deducen de unas explotaciones que representan una escasa o nula inversión tecnológica y que, amén de no concentrar mano de obra, suponen un grave peligro ecológico que, si no es atendido con cuidado a través de la necesaria rotación de los cultivos, arriesga destruir la feracidad de nuestro suelo.

El papel de estos sectores es servir de ariete seudo popular para exteriorizar una protesta que, en el fondo, deviene del modelo sistémico impuesto por el neoliberalismo, que a partir de 1976 barrió con la mitad de los productores agropecuarios, permitiendo la recuperación, por la oligarquía y las transnacionales, de inmensas cantidades de terrenos, que antes habían sido un modelo de producción de alimentos, “para reemplazarlos por un modelo factoría productor de forrajes baratos para la exportación”, como expresa la declaración del Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero. Que este “detalle” no haya sido asimilado por los productores de la Federación Agraria dice mucho de la miopía a que induce la ignorancia de la historia.

No voy a solidarizarme a pleno con el gobierno, que ha dejado tantos frentes abiertos por su inhabilidad para atender a los reclamos de los pequeños productores y por su actitud de dejar hacer ante la exteriorización de las protestas ilegales que comenzaron con los cortes de ruta protagonizados por los piqueteros “paquetes” de Gualeguaychú; pero el aumento parcial de las retenciones es parte de un intento –positivo– para desalentar el monocultivo de la soja transgénica forrajera.
Ambigüedad

El problema reside, sin embargo, en la ambigüedad de la política estatal, que no termina de romper con el modelo neoliberal que asignó a la Argentina un papel de proveedor de alimentos de baja calidad explotados por los lobbies transnacionales y terratenientes. Esa política no se determina a transferir parte de la riqueza generada por ese diseño productivo primario a la construcción de un país integrado y basado en la tecnificación y diversificación del campo y en la recreación y potenciación de la industria nacional, la única que puede terminar con el desempleo y poner al país en un pie de igualdad tecnológica con los países desarrollados del mundo.

Es difícil que una actitud semejante sea asumida por el gobierno, sin embargo, debido a una ambivalencia ética que le permite hacer coincidir, por ejemplo, la entrega de los yacimientos de la cuenca del Golfo de San Jorge, en Santa Cruz, con un discurso nacionalista que nunca termina de encarnarse en actos y en programas que pongan las cosas en claro; que diseñe un proyecto nacional y que designe a los enemigos de este.

Sin embargo, creo que en este momento es importante recalcar que, pese a sus defectos, el gobierno de Cristina Fernández está consagrado por una abrumadora mayoría electoral, que se configura como la única autoridad nacional legítima y que el Estado debe hacerse respetar frente a las fuerzas que, de una u otra manera, han encarnado el proyecto neoliberal repudiado por la masa del país. La cabeza política más visible de la oposición parece estar dispuesta sin embargo a recabar el apoyo de los más distinguidos personeros de ese proyecto. Resulta chocante, en efecto, que Elisa Carrió, autoerigida en arquetipo de la autoridad moral en el país, pueda asociarse a nombres como los de Mauricio Macri y Ricardo López Murphy, expresivos de ese modelo, y suscite además las simpatías del menemismo y el cavallismo...

Estamos en presencia de un intento de desestabilizar la situación política que puede estar dirigido, inclusive, al derrocamiento del gobierno. Muchos de los participantes de la manifestación nocturna del martes pasado, hasta cierto punto orquestada por la televisión privada, deben haber pensado en reeditar la pueblada del 19 de diciembre de 2001. No toman en cuenta, sin embargo, que por entonces se estaba en un país envuelto en una auténtica crisis, mientras que hoy esta es artificial y determinada por un lock out patronal derivado del apetito por una mayor apropiación de las ganancias. La diferencia es esencial y pone un límite a la protesta. Esta sólo podrá prosperar si el gobierno nacional depone sus responsabilidades y no articula una respuesta. Es hora de que la encuentre.

Forjadores de la patria

Por Alfredo Zaiat

Como muchas veces en las relaciones económicas y en especial cuando se desencadena un conflicto, un sector se evalúa a sí mismo más de lo que es y, a la vez, la contraparte disminuye la relevancia del otro como estrategia en la dinámica de esa puja. Esas son las reglas de juego más usuales para determinar la distribución del poder y la definición de la hegemonía en la sociedad. El sector agropecuario siempre se consideró el único forjador del país debido a que los hombres que dominaron la actividad en el siglo XIX, con métodos y desprecio humanitario de espanto, fueron los que constituyeron las bases para el Estado moderno. El modelo agroexportador fue la estructura económica que acompañó la conformación y consolidación de Argentina como país entre la Generación del Ochenta y la década del veinte. Así construyeron una imagen, que se difundió con bastante éxito a centros urbanos, que expresa la posesión de todos los atributos para considerarse los hacedores de la patria. El resto, por lo tanto, tiene que agradecerle su sacrificio como buenos hijos. Ese vínculo filial de retribución por el pan acercado a las mesas de la ciudad reclama subordinación. Esa representación de sí mismos que los grandes productores han sabido cimentar se ha dispersado e influido en la constitución de la propia conciencia del pequeño y mediano. Pero éste ha sido históricamente más castigado por el esquema de negocios dominado por los grandes, multinacionales, contratistas y exportadores que por un régimen de retenciones. Sin tanto apasionamiento de piquete verde y cacerolas de clase media y alta, ¿por qué un productor –el dueño del campo– que se levanta a las cuatro de la mañana y maneja un tractor hace más “patria” que un obrero urbano –dueño sólo de su fuerza de trabajo– que se despierta a esa misma hora, viaja incómodo a la fábrica y opera una máquina industrial?
Aunque sea una herida insoportable a su amor propio, como se exterioriza en estos días, el campo no es todo, aunque sí una parte importante del país, ni tampoco se está perjudicado por el actual modelo económico. El periodista Julio Sevares publicó en su blog del suplemento económico de Clarín un brillante comentario: “Un reciente trabajo de la Cepal da un golpe al narcicismo del campo, que se considera el artífice del crecimiento argentino y de la salvación poscrisis. Según el trabajo “Crisis, recuperación y nuevos dilemas: la economía argentina 2002-2007”, la contribución al crecimiento del PBI fue del 22,6 por ciento en la industria, 17,1 por ciento en el comercio y sólo 3,5 por ciento en el campo en ese período. La contribución del campo al crecimiento en los noventa fue mayor que en el último período, pero aun en ese momento, menor que la de la industria”. Y agregó, para dejar más claro el concepto, que “el mismo cuadro se obtiene del Indec: en el período 2003-2007, el PBI creció 8,7 por ciento promedio, el PBI Industrial el 10,0 y el Agropecuario 6,0. Ergo, la contribución de la industria al crecimiento del PBI fue mayor. Es un tema de Cuentas Nacionales”. En otro blog (Mide/No Mide, vidabinaria.blogspot.com) se precisa que, según el último censo poblacional, poco más del 10 por ciento es “rural” (localidades con menos de 2000 habitantes) y que cerca de 21 millones de personas (el 52 por ciento del total) viven en los diez aglomerados urbanos más grandes del país. El autor de ese blog señala que “busco el Producto Interno Bruto a precios de mercado y me encuentro con que en 2007 el rubro Agricultura, ganadería, caza y silvicultura representó un tercio de la Industria manufacturera. Y casi lo mismo que los rubros Construcción e Intermediación financiera”.
Ese libro de la Cepal reúne diez investigaciones y una de ellas se refiere al campo, elaborada por Roberto Bisang: El desarrollo agropecuario en las últimas décadas: ¿volver a creer? En ese documento, que analiza con criterio amplio el atractivo proceso de crecimiento del sector, se ofrece un análisis introductorio esclarecedor para comprender esa idea de sentirse y parecerse los “dueños del país” por parte de los hombres del campo:
- “El desarrollo económico (y la propia historia) de la Argentina guarda una estrecha relación con la explotación económica de los recursos naturales en general y, en particular, con las producciones agropecuarias”.
- “Esa imagen se fue forjando a partir de mediados del siglo XIX, cuando la prosperidad del país corría de la mano de la ampliación de la frontera agrícola-ganadera (de las carnes primero y del trigo y del maíz después) en base a tecnologías importadas (y adaptadas localmente) sustentando un modelo traccionado por el mercado externo”.
- “La Argentina, ‘granero del mundo’ o controlando la mitad del comercio mundial de carnes bovinas, estructuró su base productiva a partir de un conjunto acotado de sectores que operaron a modo de ‘locomotoras’ del crecimiento de toda la economía”.
- “Cuando la cantidad de tierras y el deterioro de los términos del intercambio impusieron un límite a este modelo, quedó al descubierto la fragilidad de una estructura productiva desbalanceada y dual, centrada en unas pocas actividades y orientada a mercados (y por empresas) muy concentrados”.
- “En el lapso que va desde 1900 hasta 1935, la producción de cereales y oleaginosas crece a razón de un 3,5 por ciento anual; a posteriori sobrevienen tres décadas donde los niveles se estancan, para retomar un sendero de crecimiento entre 1965 y 1985. Desde inicios de los años noventa hasta el 2006-2007, la producción agregada crece a razón del 5,8 por ciento anual”.
Bisang se pregunta si “en la Argentina del Bicentenario se repite parte de la historia del Centenario”.
Una de las motivaciones del actual lockout patronal, expresado por los grandes productores y operadores de la actividad agrocupecuaria, tiene su origen en el deseo de retornar a ese esquema económico agroexportador, con predominio del poder político en manos conservadoras como en ese entonces. Ya se sabe cuál fue el resultado y mucho más lo conocen los pequeños y medianos productores que no quedaron bien parados de ese modelo de exclusión. Por ese motivo, sus legítimos reclamos quedan confundidos cuando están asociados a los grupos más reaccionarios del sector y, además, cuando provocan el deterioro del poder adquisitivo de asalariados y postergados por el desabastecimiento y suba de precios. Repetir esa historia no es un recomendable sendero a transitar, aunque aprender de ella brinda la oportunidad de aprovecharla para que esta vez los ganadores no sean los mismos de siempre.

¿Qué clase(s) de lucha es la lucha del "campo"?

Miércoles, 16 de Abril de 2008

Por Eduardo Grüner *

No es, todavía, hora de "balances" más o menos definitivos. Sí de detener, por un momento, la ansiedad, y de ver dónde está parado cada uno. El que esto escribe está en contra de las medidas (sobredimensionadas, extorsivas, objetivamente reaccionarias, y actuadas en muchos casos con un discurso y una ideología proto-golpista, clasista y aun racista) tomadas fundamentalmente por uno de los sectores más concentrados de la clase dominante argentina en perjuicio de la inmensa mayoría. No es algo tan fácil de explicar brevemente. Hay que empezar por señalar una vez más los gravísimos "errores" cometidos por el Gobierno. Están, por descontado, los errores "tácticos" inmediatos: la desobediencia a los más elementales manuales de política que recomiendan dividir al adversario, y no unirlo (y ni qué hablar de, además, dividir el frente propio); o la torpeza de apoyarse en personajes un tanto atrabiliarios de los cuales se sabe que –por buenas o malas razones– van a caer "gordos" a la llamada "opinión pública". Pero más acá de estos "errores", están los que no son "errores tácticos", sino opciones estratégicas: no profundizar en la medida necesaria las políticas (tributarias y otras) de redistribución del ingreso, utilizar buena parte de las (inauditas) reservas fiscales para seguir saldando la maldita deuda; renovar los contratos de ciertos medios de comunicación que, debería el Gobierno saberlo, más tarde o más temprano se le pondrán en contra (y aquí, como en muchos otros casos, se ve cómo una opción estratégica se transforma rápidamente en un error táctico), y que lo hicieron de la manera más desvergonzadamente interesada de las últimas décadas. Ninguna de estas opciones estratégicas son algo para reprocharle al Gobierno. Reprochárselas –al menos, de la manera en que lo ha hecho cierta "izquierda" dislocada o cierta intelectual(idad) bienpensante y ya ni siquiera "progre" que, pasándose de la raya, cruzó definitivamente la frontera hacia la derecha– sería, paradójicamente, hacerse demasiadas ilusiones sobre un Gobierno que en ningún momento prometió otra cosa que la continuidad del capitalismo tal como lo conocemos. Vale decir: un Gobierno propiamente "reformista-burgués", como se decía en tiempos menos eufemísticos. La situación, pues, no puede ser juzgada sino por lo que realmente es: una puja (no "distributiva" sino) interna a lo que en aquellos tiempos pre-eufemísticos se llamaba la "clase dominante".

El inmediato mal mayor

Pero, pero: un gobierno legítimamente electo por la mayoría no es directamente miembro de aquellas "clases dominantes", aunque inevitablemente tienda a "actuar" sus intereses. Y, en un contexto en el que no está a la vista ni es razonable prever en lo inmediato una alternativa consistente y radicalmente diferente para la sociedad, no queda más remedio que enfrentar la desagradable responsabilidad de tomar posición, no "a favor" de tal o cual gobierno, pero sí, decididamente, en contra del avance también muy decidido de lo que sería mucho peor; y si alguien nos chicanea con que terminamos optando por el "mal menor", no quedará más remedio que recontrachicanearlo exigiéndole que nos muestre dónde queda, aquí y ahora, el "bien" y su posible realización inmediata. Porque el peligro del mal "mayor" sí es inmediato. En estas últimas semanas se han condensado potencialidades regresivas que muchos ingenuos creían sepultadas por un cuarto de siglo de (bienvenido) funcionamiento formal de las instituciones. ¿Exageramos? Piénsese en los "síntomas", "símbolos", "indicadores", y también, claro, hechos. Nunca en este cuarto de siglo la derecha (económica, social y cultural, y no solamente política) había ganado la calle con una "base de masas" tan importante –incluyendo, sí, a esos "pequeños productores" cuyas legítimas reivindicaciones fueron bastardeadas, incluso por ellos mismos, al rol de "mano de obra" de los grandes "dueños de la tierra"–, hasta el punto de transformarse en un verdadero movimiento social del cual mucho oiremos en adelante. No solamente la calle, sino también el aire: nunca antes había sido tan férreo el consenso "massmediático" para apoderarse del Verbo público –como lo dijo inspiradamente León Rozitchner– con el objeto de aturdir hasta el mínimo atisbo de un pensamiento autónomo, no digamos ya "crítico". Nunca antes las cacerolas habían sido tan bien disfrazadas de diciembre de 2001 argentino cuando en verdad representan –en inesperado retorno a su auténtico "mito de origen"– un septiembre de 1973 chileno. Nunca antes había habido una tan oportuna coincidencia con un aniversario del 24 de marzo. Nunca antes había habido una tan puntual coincidencia con un meeting de lo más granado de la derecha internacional en Rosario. Y ya que de "internacionalismo" se trata, nunca antes había habido una coincidencia tan "contextual" con las avanzadas desestabilizadoras –obviamente fogoneadas desde mucho más al Norte– sobre las "novedades" –no importa ahora lo que se piense de cada una de ellas– sudamericanas, desde las aventuras bélicas de Uribe en la frontera ecuatoriana (y por refracción, venezolana) hasta la feroz ofensiva oligárquico-separatista contra Evo Morales. Nunca antes se había conseguido reimponer el insostenible mito de que es el "campo" lo que ha construido a la "patria" (en una nefasta época esa construcción, se decía, había estado a cargo del Ejército Argentino, que era, al igual que el "campo", incluso anterior a la nación: una asociación inquietante), cuando, sin meternos con la historia, sabemos que hoy –lo acaba de demostrar impecablemente el economista Julio Sevares– su contribución al PBI es mínima. O el igual de anacrónico mito de que estamos ante una batalla épica entre el "campo" y la "industria", cuando hace ya décadas que los intereses de esos dos sectores actualmente ultra-concentrados en anónimas sociedades multinacionales –que incluyen, y en lugar destacado, a la "industria cultural" y los medios– entrecruzan sus intereses de manera inextricable, bajo el comando de las grandes agroquímicas, los pools sembradores, o los trusts de exportación cerealera.

El odio de la burguesía

Y a propósito de esto último, que atañe a la estructura de clases en la Argentina actual, nunca antes –posiblemente desde el período 1946/55– se había desnudado de manera tan grosera y frontal la violencia (por ahora "discursiva") de la ideología de odio clasista de la burguesía y también de cierto sector de la llamada "clase media"; es este odio visceral e incontrolable, y no alguna desinteresada defensa del mitificado "campo", es ese clasismo-racismo, él sí "espontáneo", el que constituye la verdadera motivación para participar en los "piquetes paquetes", desentendiéndose de la "contradicción" de estar orgullosamente haciendo lo mismo contra lo cual putean cuando se les corta la huida por Figueroa Alcorta. Que nunca haya sido tan pertinente, pues, el análisis de clase para juzgar un conflicto, no significa ejercer ningún reduccionismo de clase: las "clases altas" y las "clases medias" no tienen, es obvio, los mismos intereses materiales inmediatos; pero en la Argentina hace ya muchísimo que las segundas subordinaron sus intereses materiales a largo plazo a su patética, servil, identificación con los de las primeras, y es por eso que tan a menudo han trabajado de "mano de obra" de ellas, y en las peores causas. No hace falta ser un sofisticado marxista para entenderlo: bastaría citar la diferencia elemental –que constituye el ABC de la más básica sociología "estructural-funcionalista"– entre grupo de pertenencia y grupo de referencia.

Se equivoca pues la primera mandataria al decir que lo que se juega en este conflicto nada tiene que ver con la lucha de clases. Una vez más, no cabe reprochárselo: ella es peronista, y por lo tanto lo cree sinceramente. El problema es que crea que basta creerlo (o desearlo) para que la cosa no exista. No advierte, tal vez, la paradoja –por otra parte perfectamente explicable por la propia historia del peronismo histórico– de que el Gobierno que ella preside, aunque en "última instancia" represente compleja y ambiguamente, y con algunos escarceos defensivos de la autonomía del Estado, los intereses estructurales de la "clase dominante", para la ideología estrecha de esa clase dominante, que ha hecho tan buenos negocios en este último lustro, representa los intereses (¿habría que decir: "simbólicos"?) de las otras clases, y por lo tanto su gobierno es el chivo expiatorio del "odio de clase" en una época en que, por suerte, ya no pueden hacerse pogroms masivos ni aplicarse científicos planes de exterminio colectivo. La clase dominante argentina está desde siempre acostumbrada a no tolerar ni siquiera aquellos tímidos escarceos "autonomistas" por parte de ningún gobierno (por lo menos, de ninguno "civil" y legalmente elegido: porque sí toleraron la mucha "autonomía" estatal de que gozaron las dictaduras militares para aplicar sus políticas económicas tanto como represivas). Aquella famosa consigna setentista –"Y llora llora la puta oligarquía, porque se viene la tercera tiranía"– era, entre otras cosas menos defendible, una ironía sobre el sempiterno tic de la burguesía, consistente en calificar de "tiránico", "autoritario" o "dictatorial" (aunque en estos tiempos posgramscianos se diga "hegemónico", como si la hegemonía no fuera el objeto mismo de la política) a cualquier gobierno, sea cual fuere su política, que osara insinuar que algunas cositas menores las iba a decidir él. Aunque parezca inverosímil, los acusaron de "comunistas", "socialistas", "nazifascistas", sólo porque intentaron tomar algunas decisiones que, sin ser claramente opuestas a los "intereses dominantes", no representaban una obediencia automática y directa a los amos del Capital.

La lucha de clases

Nada muy diferente está sucediendo ahora: puesto que llevamos un cuarto de siglo de democracia institucional, es en nombre de esa misma "democracia" que se usan los mismos (des)calificativos contra este Gobierno, al que se identifica, disparatadamente, como la otra parte en la "lucha de clases". Y tal vez la Presidenta, aunque oscuramente, intuya esto, y por ello se defiende de lo que toma como una "acusación". Pero, lo lamentamos: la lucha de clases no existe, pero que la hay, la hay. Muchos "progres", al igual que este Gobierno, creen que no la hay porque las masas populares no están movilizadas en una contraofensiva dirigida al avance de la derecha. Pero, primero: las clases dominantes también luchan: la aplicación sistemática, sea a punta de bayoneta o por políticas "pacíficas", de la reconversión capitalista "neoliberal", eso es lucha de clases, emprendida por la clase dominante contra las dominadas y sus aún magras conquistas anteriores. Como lo es claramente el mantener desabastecidos a los sectores populares, con su inevitable consecuencia inflacionaria (algo que, a decir verdad, viene ocurriendo indirectamente desde mucho antes, dadas las cuotas de exportación ayudadas por el dólar alto y el consiguiente desequilibrio entre oferta y demanda en el mercado interno). Segundo: si las masas populares están desmovilizadas, también es porque este Gobierno (y sobre todo todos los anteriores, si bien éste no ha hecho nada importante para subsanarlo, limitándose en este terreno a administrar lo ya acumulado) las ha desmovilizado, aun cuando en defensa propia le hubiera convenido, incluso con los riesgos que hubiera representado para un gobierno "reformista-burgués", tenerlas a ellas en la calle antes que, pongamos, a D'Elía o Moyano (y se entenderá, suponemos, que con esos nombres estamos simplemente haciendo una taquigrafía, y no imputaciones a personas). Como no las ha movilizado, la ofensiva de clase de las fracciones más recalcitrantes de la burguesía fue contra su "adversario" visible, el Gobierno: otra, y para nada menor, opción estratégica transformada en error táctico.

En fin, no estamos –hay que ser claros– ante una batalla entre dos "modelos de país"; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural. Pero la derecha y sus adherentes ideológicos no toleran la más mínima diferencia de "estilo" con su modelo, del cual creen ser los únicos dueños, y sus primeros benefactores. ¿Tomar conciencia de ello hará que el Gobierno, aunque fuera "en defensa propia", pergeñe un "modelo" diferente? No parece lo más probable. Tiene razón Alejandro Kaufman: todo esto no nos ha hecho pasar a la "gran política"; pero también es cierto que, bien jugada, podría ser la ocasión de al menos atisbar ese pasaje a una suerte de "gran relato" de la política. De que nuestros debates principales ya no sean (aunque por supuesto habrá que seguir haciéndolos, en otra perspectiva) las mentiras del Indec o el dinero de Santa Cruz emigrado a Suiza, sino los que atañen, efectivamente, al "modelo", incluyendo un modelo integral y planificado a largo plazo para el "campo". Pero si esta ofensiva de la derecha triunfa, esa ocasión se habrá perdido por décadas.

La legitimidad del Estado

En este relativamente nuevo contexto, no podemos quedar atrapados (otra vez, sin que haya dejado de ser necesario hacerlas también) en las discusiones sobre los detalles "técnicos" del conflicto. Hoy, ahora, el problema central ya no son (y tal vez nunca lo fueron en serio) las benditas "retenciones". En un registro "puramente" económico –lo acaba de demostrar Ricardo Aronskind– ya se está discutiendo la renta a futuro del 20 por ciento de los "dueños" que controlan el 80 por ciento de la "tierra", y no centralmente las retenciones actuales. Ya lo sabemos: ni el aumento de las retenciones móviles a las rentas extraordinarias del "campo" supone, no digamos ya una medida "confiscatoria" (¡¡!!), sino ninguna "pérdida" importante para un "campo" que nunca ha ganado tan extraordinariamente; ni, del otro lado, es estrictamente cierto que las retenciones sean una medida ampliamente "redistributiva" que vaya a mejorar decisivamente la brutal injusticia social que aún campea en la Argentina. Pero esto no significa que las retenciones (no, claro, por sí mismas, pero sí en la trama de una política nacional articulada que incluyera muchas otras medidas) no podrían y deberían contribuir a esa redistribución. Si la derecha gana, se habrá creado un peligroso antecedente de deslegitimación de la intervención del Estado en la economía, y esto impediría, o al menos obstaculizaría gravemente, que este Gobierno (si es que en algún momento reorienta sus opciones estratégicas) o cualquier otro futuro, sí utilizara las retenciones u otras medidas semejantes con fines redistributivos. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, una parte nada despreciable de la sociedad argentina habrá completado un enorme e integral giro a la derecha del cual difícilmente habrá retorno. La situación obliga, a todo el que sienta una mínima responsabilidad ante aquella sociedad, a sentar con la mayor nitidez posible una posición. Insistamos: no necesariamente a favor del Gobierno, sino inequívocamente en contra de intentonas que a esta altura ya nadie puede dudar que son intencionalmente o no (pero más bien sí) "desestabilizadoras", "golpistas", "reaccionarias". Los "golpes" ya no son hechos con tanques e infantería, pero no por eso han caducado: la especulación económica, la insidia mediática de las medias verdades y las enteras mentiras, la corrupción verbal de los epítetos clasistas y racistas, la confusión consciente de la parte con el todo –sea a favor o en contra del Gobierno o del "campo"– suelen tener un efecto más lento pero incomparablemente más profundo que los mucho más visibles uniformes con charreteras. El Gobierno deberá tomar cuidadosa nota de las "novedades" que se han producido. Y también, y sobre todo, deberemos hacerlo nosotros, los que –sin ser totalmente o siquiera en parte "pro-Gobierno"– no tenemos derecho a equivocarnos sobre dónde está el peligro mayor. Sobre dónde estará: porque esto –tregua o impasse o compás de espera, como se quiera llamarlo– recién empieza.

* Sociólogo, ensayista, profesor de Teoría Política y de Sociología del Arte (UBA).