viernes, 26 de marzo de 2010

PARO DOCENTE 26 de MARZO

Les informamos las Cátedras que nos avisaron sobre la posición que van a tener frente al paro ADIUC decretado para hoy 26 de marzo:

Lenguas Romances:  No adhiere - Da clases
Taller III: Solo tenemos la confirmación de Liz Vidal por el turno de la mañana que se adhiere al paro, Turno Tarde y Turno Noche, No avisaron.
Redacción Periodística I: Se adhiere al Paro - No da Clases
Taller de Lenguaje y producción gráfica Cat A:  MAría Teresa Fabre No adhiere.
                                                                        Daniel Luque Da clases

informó: Centro de los Estudiantes

sábado, 21 de junio de 2008

"Sin las retenciones seríamos jeques árabes"

Nota aparecida en el dirio Crítica Digital


Carlos Armando es agricultor, pero no va al piquete de San Francisco, en el norte cordobés, donde trabaja 1.000 hectáreas alquiladas. Prefiere aguantarse las críticas de sus colegas. Ante Crítica de la Argentina, Armando reveló sus números. Aseguró que entre la soja y el trigo obtiene unos $1.490 de ganancia por hectárea, equivalente a un ingreso anual neto de un millón y medio de pesos. “Nunca nos fue mejor”, dijo. Enseguida se atajó: “Ojo que no soy kirchnerista, ni siquiera lo voté”. Tambero de tres generaciones, cambió las vacas por los granos en los 90. En medio de todo, el campo sublevado contra el alza de las retenciones disparó que si no pagaran derechos a las exportaciones los productores serían “jeques árabes”.

–¿Cuál es su actividad?

–Fui tambero. Vengo de una familia de productores lecheros. Nuestro tambo era grande, de 10.000 litros diarios. Pero hemos dejado la actividad debido a la crisis que tuvimos en los 90. A partir de entonces me dediqué exclusivamente al maíz, trigo, soja y girasol. Tengo 45 años, 20 trabajando en el campo. Produzco en San Francisco. Trabajo sobre una superficie alquilada de unas 1.000 hectáreas. Se las alquilo a diez dueños distintos.

–¿Cuánto cuesta la hectárea en el área?

–Unos 10.000 dólares en nuestra zona, que es el límite de la Pampa Húmeda. Es lo que se conoce como suelos clase 2. Los suelos son buenos, pero nada que ver con Rosario, Pergamino o San Nicolás.

–¿Cómo son sus números?

–Ésta es una zona limítrofe, no es la Pampa Húmeda. El más beneficiado acá es el propietario de la tierra, que se lleva prácticamente el 50% de las ganancias brutas. Al arrendador nos queda un buen margen, pero tenemos a cargo todos los gastos y la explotación.

–¿Cuánto paga de alquiler y qué rindes tiene?

–El arrendamiento está 12 o 13 quintales de soja. Es más o menos el promedio para esta zona. En zona núcleo se pagan hasta 20 y 22 quintales. Tenemos rindes de 30 quintales por hectárea. Son bastante buenos. Este año hubo rindes superiores.

–¿Cómo se reparten ese producto entre semillas, contratistas y demás costos?

–Los costos se incrementaron mucho, pero tenemos 7 quintales de costo. Sumado el alquiler, pago en total 20 quintales. Con un rinde de 30 quintales, quedan 10 de ganancia. Sobre estos hay que pagar impuesto a las Ganancias. Luego, quedan unos siete u ocho quintales de ganancia, unos 740 pesos más o menos, por hectárea y por año.

–¿Recuerda otra época con esta rentabilidad?

–En los 90 estábamos de rodillas en el Banco Nación para pedir plata… No, algún período muy corto en los 80, cuando la soja llegó a 200 dólares.

–Los que reclaman dicen que los arrendatarios están ahorcados.

–Eso no es así. Fue una de las cosas que más me molestó. Porque nos ha ido muy bien estos últimos años. Me indigné viendo productores que se han enriquecido y se quejan; gente muy rica. La verdad es que nos quejamos de llenos. Mi hijo me preguntó por qué no voy al paro. En la escuela lo cargan porque su padre no va a los piquetes. Yo ruego que esto siga como hasta antes del paro, con la soja a 900 pesos, y que siga el trigo a 600 pesos. Estos valores nos cierran perfectamente.

–¿Y a sus vecinos les va tan bien como a usted?

–Mi socio tambero dice que tiene 40% de rentabilidad. Y no es el dueño de la tierra, es arrendatario. Está chocho, y tampoco va a los piquetes. Es el único en el pueblo que no me putea (risas). Se han enojado mucho con mis declaraciones. Me preguntan cómo no apoya al campo. Yo apoyo al campo, vivo de la tierra. Les explico a mis hijos que los paros son para los pobres, no para la gente que está bien. Y trabajamos poco, el resto del tiempo nos buscamos actividades. Yo tengo una huerta. Y porque trabajamos poco, el resto del tiempo se la pasan hablando macanas. A los piquetes van a divertirse.

–Pero las entidades reclaman por los productores a los que les va mal.

–Estoy indignado con las entidades que nos representan, mejor dicho, que no nos representan. Que no haya habido nunca una política agropecuaria es responsabilidad de ellas, que nunca la propusieron. Sancor es una mina de oro pésimamente administrada. (Fernando) Gioino fue presidente toda su vida, con una gestión malísima. Hicieron marchas con gente disfrazada de pobre, tractores oxidados, gomas desinfladas. ¡Eran tractores que tenían guardados en desuso!

–¿No le preocupan las retenciones móviles?

–Estos valores de la soja nos cierran perfectamente, con estas retenciones y con las viejas. Ojalá siga a 900 pesos. Con las retenciones viejas estaría como 1.200 pesos, ganaríamos una fortuna. Y sin retenciones, a 500 dólares son ¡1.500 pesos la tonelada! Seríamos jeques árabes. Pero yo no quiero un país de jeques árabes. Quiero ser rico en un país de ricos, no en un país de pobres. No soy kirchnerista, ni siquiera lo voté.

“Es una psicosis de masa”

“Veía mis bolsillos y no entendía cómo todos salían a protestar, me decían que estaba loco”, contó Armando.

“A mis hijos, en la escuela, les preguntaban: ‘¿Qué le pasa a tu papá que no va a los piquetes?’”, agregó.

“Intenté convencer a mis paisanos, no pude; fui al psiquiatra: pero también estaba con el campo”, relató, desesperanzado.

El productor que arrienda campos a más de diez dueños no aflojó. “Debatí con él una hora y le conté que nunca habíamos estado mejor”, contó. “Al final me lo agradeció, y me dijo que debía ser algo así como una psicosis de masa”, concluyó.

CARTA ABIERTA A EDUARDO BUZZI

PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN AGRARIA ARGENTINA

Me dirijo a Ud. porque ha sido Ud.eEl que ha despertado “Lo Peor”. Tal vez se pregunte lo peor de qué, pero no es lo peor de nada, sino simplemente “Lo Peor”, a secas. Tal vez Ud. insista y vuelva a preguntar. Como lo supongo un hombre diferente al chacarero que Ud, idealiza, ese gringo medio bruto y bonachón que trabaja la tierra de sol a sol, supongo que conocerá una vieja película del inolvidable Igmar Bergman, me refiero por supuesto, a “El huevo de la serpiente”. Como tal vez me diga que no, que me equivoco, que Ud. es así, tal cual se declaró en el discurso del acto de Rosario, un chacarero unido sanguíneamente a su tierra, un hombre heredero de Don Segundo Sombra más que de Martín Fierro, un hombre que vive en un campo metafísico y no en una tierra feroz, donde las peores desigualdades persisten resistentes al paso del tiempo y las leyes, como tal vez Ud. sea todo eso, voy a recomendarle que la vea y reflexione sobre sus dichos, y tal vez comprenda a qué me refiero con “Lo Peor”.

Yo supuse que esta carta podría escribirla a otro remitente, tal vez a Miguens, o a Llambías, sus actuales socios, pero no, en ellos es algo natural y se cuidan muy bien de ocultarlo, pero Ud. no, Ud, que en definitiva pertenece a la clase media, dejó salir en su discurso de Rosario, lo peor de la clase media, esa ideología acomodaticia que se horroriza cuando el espejo le devuelve la imagen del trabajador y sueña, con los ojos abiertos y cerrados, en verse reflejado en el espejo de los de arriba.

A esta altura, seguramente Ud. pensará que esta carta es un agravio, y tal vez no se equivoque, permítame al menos, que no sea un agravio gratuito y que justifique lo que estoy escribiendo.

Suponiendo que Ud. insista en que no ha visto ni verá la película de Bergman, y por lo tanto continúa sin entender a qué me refiero con lo peor, déjeme que le diga que lo peor son todas esas manifestaciones que tienen que ver con el racismo, y Ud, las ha despertado en el discurso de Rosario, y ha utilizado las palabras justas, para que fueran entendidas por quienes tenían que entenderlas: decir que van a transformar el país en serio, que van a cambiar de modelo, que los Kirchner son un obstáculo, suena a contraseña y le explico por qué, suponiendo que Ud. siga intentando identificarse a ese chacarero bonachón, que no sabe nada de nada.

También dijo, y es por donde voy a empezar a aclararle mi agravio, que Uds, son los hombres de la pampa gringa y que los iban a tener que sacar con los pies para adelante, palabras más palabras menos. Tal vez Ud. lo diga con conocimiento de causa, pero por las dudas, quizás deba recordarle que su pampa gringa está manchada de sangre, que para que la pampa sea gringa hubo primero que desalojar al indio, y que precisamente los desalojaron así, llevándoselos con los pies para adelante. Y sabe qué, Señor Buzzi, esa sangre no se lava, esa sangre va a persistir eternamente; pero claro, tal vez Ud. piense que no es responsable, que eso pasó hace mucho tiempo. Le digo que no, que sigue pasando, que todos los días seguirá pasando porque la historia del despojo sigue sucediendo hasta que no haya justicia. Tal vez, Ud. me alegará que es historia antigua; puede ser cierto, desde un cierto punto de vista lo es, pero déjeme decirle que nunca un crimen se transforma en algo natural. Pero si acaso no logro hacerlo reaccionar y comprender a qué me refiero con “Llo Peor”, voy a recordarle otra historia, que no es tan antigua y que Ud. por sus años debe conocer muy bien: me refiero a los lock out patronales (igualitos a los de ahora) de 1975, tan poquito tiempo antes del golpe de estado, fogoneado y organizado por sectores civiles ligados al –vaya qué casualidad- campo; o acaso Ud. No recuerda que quien era el referente de CRA en ese momento, fue el secretario de agricultura del Gobierno genocida de Viola. Y ya que estoy hablando de CRA, con quien Ud. sueña transformar este país en serio, con quien piensa cambiar de modelo, lo invito a que le pregunte porque qué CRA, después del golpe se acomodó y se olvido de sus socios de piquete y no le dio pudor hundir a los pequeños y medianos productores.

Discúlpeme si lo agravio otra vez, pero Ud. no aprende de la historia y se empeña en estar siempre en el lugar equivocado en el momento equivocado. Si Ud. de verdad quiere cambiar de modelo, mire bien a quien lleva de socios, no vaya a ser que vaya por lana y termine trasquilado. Después no diga que no le avisé y que no sabía. Vea que fácil es ir anudando las palabras. No sabía, fue la frase salvavidas de una gran parte de la clase media para disculparse por haber llevado la calcomanía “Los argentinos somos derechos y humanos”; también dijeron que no sabían cuando respondieron a la convocatoria del Gordo Muñoz a que manifestaran donde la CIDH recibía la denuncias de violaciones de derechos humanos en 1979. Le recuerdo por si Ud. insiste en que no sabía, que en ese año seguían desapareciendo de a miles. Se lo recuerdo, se lo afirmo, Llambías es socio responsable de todo aquel horror, y sabiendo eso, ¿no le corre un sudor frío por la espalda cuando lo escucha decir que la gente sale a la calle por su dignidad? Qué puede significar la palabra dignidad en boca de Llambías?

Ahora que dije la gente, no quiero olvidarme de “Lo Peor”, porque “Lo Peor” es la naturalización de que si es negro y pobre no tiene ideas, y Ud. es resposable de que esa idea, que estaba dormida, haya despertado. Si alguien se moviliza a favor del gobierno es un negro vago pagado, en cambio, cuando se movilizan a favor del campo, es “La Gente” la que sale, con lo cual (disculpe si lo mío es un exceso de academicismo) si la gente sale a defender al campo, quienes apoyan al gobierno no son gente (lógica del tercero excluido suelen decirle). Ahora yo le pregunto, qué clase de gente, pregunta vana porque la respuesta es más que conocida: gente común. Sin embargo, permítame que le diga, que en el cacerolazo del día lunes, yo vi y escuché a mucha gente tirando bombas de estruendo ¿será que la gente común, que se mueve espontáneamente guarda en su placard un stock de bombas de estruendo por las dudas haya desabastecimiento en navidad? La verdad que para eso no tengo respuesta y tal vez Ud. Sí, tal vez pueda decirme que no fue tan espontánea la movilización, tal vez pueda Ud. Decirme que sí, que hay alguna gente detrás de todo esto, como ese hombre que estaba detrás de De Angelli, me refiero a Julio Mendez, que está procesado por los centros clandestinos de Tandil, foto indigna si la hay, y que la prensa, esa que aboga por la libertad de prensa y de información, se ha ocupado muy bien de no hacer circular (qué diferencia con la trompada de D´Elia que la pasaron hasta el hartazgo, sin hablar de cuando la prensa dijo que D´Elía dijo que iba a matar a los oligarcas y cuando presentó la grabación para demostrar que había dicho todo lo contrario, nadie salió a mostrarlo, qué diferencia no Sr. Eduardo?).

Que los pobres no piensan y son arrastrados como ganado, decir eso, pensar eso, eso es “Lo Peor”; que sólo “La gente” que apoya al campo es “La Gente”, eso es “Lo Peor”; idealizar al campo e identificarlo con el ser nacional, eso es “Lo Peor”. Ud. Tal vez sepa, pero puede ser que me diga que no, que la “Liga patriótica” en la década del 20 también hablaba del ser nacional y lo ligaba a la tierra, pero yo le pregunto, Sr. Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina, tranqueras adentro, donde de verdad empieza el campo, ¿es tan gringa y bucólica y portadora de ser nacional? ¿No le parece que se está olvidando de algo? ¿No le parece que se olvida del trabajo infantil, que en el campo es una endemia, a pesar de estar prohibido por la ley? ¿No le parece que se olvida de los trabajadores rurales, que son los peores pagos del país y que además no reciben de Uds, (o va a decirme que no sabía) los aportes patronales correspondientes para que tengan jubilación y obra social? Lo que nos lleva a un tema que le diría que no es directamente “Lo Peor” pero lo roza: la evasión ¿Puede Ud. Decirme, afirmarme, casi gritarme como lo hizo en rosario, que no sabe que los productores agrícolas (yo no sabría decirle si son pequeños medianos o grandes, tal vez pueda Ud. desburrarme en la materia) evaden impuestos? ¿Puede Ud. afirmarme que desconoce esa maniobra por la cual le hacen firmar a indigentes (qué casualidad, esos mismo que sus acólitos no consideran gente, esos mismo que les parece monstruoso que marchen por el choripán y la coca pero no les parece igual de monstruoso que firmen cartas de porte) los formularios de exportación para evadir las erogaciones que deberían hacer? Ya estallaron dos casos, uno en Chaco, el otro en Río Cuarto, muy cerquita de la cama de la Asesinada Nora Dalmasso, ¿Cuántos más habrá? Pero aunque fuera uno solo, dígame Sr. Presidente de la Federación Agraria Argentina, dígame sin ruborizarse, de qué reglas de juego claras habla, si cada vez que un gobierno saca una ley Uds. se las ingenian para burlarla. Reclamar reglas de juego claras, y violarlas permanentemente, eso forma parte de “Lo Peor”. Hablar de países serios, previsibles, refiriéndose a los países desarrollados, y ser los principales violadores de cuanta ley pretende normalizar la actividad, eso forma parte de “Lo Peor” Cuando Ud. Dijo que el chacarero no quería la compensación porque no quería dádivas, no está escondiendo que no aceptan la compensación porque la mayoría no está correctamente inscriptos? Dígame que no, voy a intentar creerle, pero me cuesta sabe, me cuesta porque no entiendo muy bien cómo puede saludar la reforma agraria de Evo Morales y después aliarse con la SRA y con CRA que si estuvieran allá, ya lo hubieran matado al pobre Evo, por pobre, por indio, y por pensar. Dígame cómo Sr. Buzzi, le juro que todavía estoy intentado desentrañar su corte ideológico, y no puedo, y no me sale más que pensar, disculpe mi limitación, que es un clase media progresista, y que como a todo progresista y clase media, no hace falta más que rascarlo un poquito para que el enano fascista que lleva escondido, quizás dormido, se despierte y muestre todo su odio. De eso se trata “Lo Peor” Sr. Buzzi; de eso se trata “El huevo de la serpiente” del genial Igmar Bergman. Se la recomiendo, él lo dice mejor que yo.

Irrespetuosamente, Sergio Campbell

Principios


Por Alfredo Zaiat

En estos mismos días de intensa puja política con la excusa de las retenciones móviles, el mundo sigue brindando argumentos contundentes sobre la imprescindible necesidad de intervención activa del Estado en el sensible mercado de los alimentos y, por lo tanto, en la renta extraordinaria agropecuaria. México anunció el congelamiento de los precios de más de 150 productos alimentarios básicos hasta el 31 de diciembre de este año, entre los que se incluyen diversas marcas de aceites, frijoles, atún, jugos, sopas, café, leche, entre otros. Por su parte, Uruguay acordó con la industria frigorífica congelar hasta el 31 de agosto el precio de tres cortes de carne vacuna, y definieron ajustes menores al pretendido por el sector empresario para el resto. Hace poco Brasil suspendió la exportación de arroz, que junto al frijol negro es la base de la alimentación de los pobres de ese país. Existen varios ejemplos más de países que han empezado a aplicar instrumentos de política económica para asegurar la soberanía alimentaria de su población. Por eso cuando se realizan comparaciones con países de la región el camino es evitar la ingenuidad, en el mejor de los casos, y la chapucería, en la mayoría, del afinado coro mediático y de los cuatro representantes de un sector del campo elegidos por el voto corporativo de sus afiliados.

Del mismo modo que desprecian el impacto devastador del aumento de los alimentos sobre los más vulnerables de la sociedad, ya sea con piquetes que desabastecen o cuestionando las retenciones móviles, medida esta última que es apenas una de otras necesarias para asegurar la soberanía alimentaria, el bloque económico más poderoso emergente del nuevo siglo confunde, tergiversa y cautiva conciencias. Como antecedente para almas atribuladas por la magnitud del conflicto, los bancos y las privatizadas hicieron lo mismo durante la década del noventa, con el mismo acompañamiento de gran parte de la prensa y el entusiasmo de un sector de la clase media, con los resultados ya conocidos. La diferencia es que en esos años el poder político defendió con vocación militante esos intereses corporativos. Entonces no había conflicto que se exteriorizara, aunque sí latente. Hoy, la administración kirchnerista no buscó desarmar ni destruir esos intereses, apenas intentó una tibia intervención en la distribución de una renta excepcional, que igualmente ha provocado una reacción descomunal de ese poder surgido de la trama multinacional sojera. Esta violenta reacción debería ser una señal para ciertos dirigentes progresistas que con tantas cabriolas discursivas terminarán llevados en andas en la apertura de la Exposición Anual de Palermo de la Sociedad Rural.

La confusión es la principal estrategia elegida por la dirigencia del sector del campo privilegiado por muy elevados precios internacionales de los granos. Ahora que las retenciones volverán a ser debatidas en el Congreso, la inconstitucionalidad de la medida y confiscatoriedad de las alícuotas son los argumentos esgrimidos, aunque no fundamentados más allá de generalidades. Con vocación de rigurosidad más que de espectacularidad, los economistas del Grupo Fénix de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA ya tienen en su poder un documento base, para discutir el jueves próximo, referido a Los principios constitucionales aplicables a los derechos de exportación. El trabajo fue realizado por el tributarista Arnaud Iribarne, que como antecedente frente al elenco de especialistas que domina el discurso mediático fue secretario de la comisión “Problemática fiscal de la actividad agropecuaria” de las XXXIV Jornadas Tributarias organizadas por el Colegio de Graduados en Ciencias Económicas, en Mar del Plata en 2004.

Iribarne explica en ese documento que “es sabido que mientras Chile y Brasil se reorganizaron rápidamente después de su independencia, a las Provincias Unidas del Sur les llevó 50 años de enfrentamientos. Uno de los temas en disputa era la Aduana y a quién le correspondían sus recursos. Cuando se incorpora, en 1860, la Provincia de Buenos Aires a la Confederación, se establece que en la ciudad de Buenos Aires tendrá su sede el Gobierno Federal y que se financiará con los derechos aduaneros”. Luego precisa que el artículo 4 de la Constitución dice: “El Gobierno Federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro Nacional formado por el producto de los derechos de importación y exportación (...) y demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población establezca el Congreso (...)”. Concluye entonces que “por lo expuesto estos recursos son originarios del Gobierno Federal y tienen naturaleza distinta de los impuestos que les corresponden a las provincias, que las mismas delegan su administración y cobro en la Nación y que luego se coparticipan entre ambos”. Recuerda que los Derechos de Exportación existieron desde 1853 con carácter provisorio, con el objetivo de que los gastos federales se sostuvieran exclusivamente con los aranceles de importación. Y que la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay originó gastos adicionales que hicieron prorrogar la vigencia de derechos a la exportación. Menciona que “en muchas democracias modernas, se considera facultad del Poder Ejecutivo nacional ‘regular las tasas’ por considerarlo una herramienta de política económica sujeto a variaciones coyunturales”. Explica que el trámite parlamentario de las retenciones es inadecuado por dos motivos:

1. Es lento, en un mercado internacional volátil.

2. Es público, lo que permite a los agentes de comercio exterior anticipar sus operaciones con un criterio legítimo de “economía de opción” antes que esté promulgada una ley que le resultará más gravosa. Es elocuente la arenga de Alfredo De Angeli a no vender granos ahora porque luego del debate en el Congreso puede ser más benficioso para los productores.

Uno de los cuestionamientos de la dirigencia agropecuaria se refiere a que los Derechos de Exportación surgen del Código Aduanero. El tributarista Iribarne explica que ese código fue promulgado por ley 22.415 del 23 de marzo de 1981, recogiendo lo que decían leyes anteriores en cuanto a las facultades del Ejecutivo en esa materia. El artículo 755 de esa norma dispone que el Ejecutivo podrá “gravar con derechos a la exportación, desgravar y modificar los derechos de exportación establecidos (...) con el objeto de cumplir algunas de estas finalidades:

- Asegurar el máximo posible el valor agregado en el país con el fin de obtener un adecuado ingreso para el trabajo nacional.

- Estabilizar los precios internos a niveles convenientes o mantener con volumen de oferta adecuado a las necesidades de abastecimiento del mercado interno.

- Atender a las necesidades de las finanzas públicas”.

Por el artículo 1 del decreto 2752/1991 (Boletín Oficial 13/01/1992) se delegaron en el Ministerio de Economía las facultades conferidas por el artículo 755 del Código Aduanero. Iribarne se detiene en la delegación de facultades al Ejecutivo, destacando que el artículo 75.1 de la Constitución dispone que el Congreso debe legislar en materia de importación y exportación. Con ese criterio menciona, sin embargo, que “el Congreso debió derogar –la delegación efectiva otorgada en el Código Aduanero de 1981– en un plazo de 5 años a partir de la jura de la Constitución”, pero “no es el único tema que el Congreso tiene pendiente a causa de la reforma constitucional”, apunta. Para aclarar que por el momento se aprobó la Ley 26.135 (Boletín Oficial 24/08/2006) que establece: “Ratifícase en el PEN por tres años la totalidad de las delegaciones legislativas sobre materias determinadas de administración (...) emitidas con anterioridad a la reforma constitucional de 1994”.

Por último, Iribarne aborda la controversia sobre la confiscatoriedad de las alícuotas de las retenciones móviles, señalando que “se sostiene apasionadamente que supera el 33 por ciento, que sería el límite que establece la Constitución”, pero ilustra que “en el texto de la Constitución nacional no existe ese límite ni la Corte Suprema lo ha establecido con criterio general”. Pone como ejemplo que “la alícuota actual del impuesto a las Ganancias para las sociedades anónimas y las sociedades de responsabilidad limitada es el 35 por ciento, al igual que la alícuota marginal sobre las personas físicas. A nadie se le ocurrió que pudiera objetarse por superar el 33 por ciento”. Y menciona que “por el contrario los aranceles tienen como función proteger al mercado interno de las variaciones de los precios internacionales. Han existido aranceles al ingreso de artículos suntuarios que superaban el 100 por ciento del valor CIF del producto sin que se objetara su constitucionalidad”.

Su conclusión, entonces, para ser debatida por economistas alejados de intereses corporativos, es que las retenciones móviles cumplen con el principio de razonabilidad, legalidad y no confiscatoriedad

La política en manos de la oposición mediática


Por Nicolás Casullo
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Se habita un tiempo donde lo mediático roba casi todo lo real de la realidad. La carencia de ideas y programáticas de una oposición política no constituida definidamente, provoca que esta ausencia haya sido reemplazada, cooptada, tal vez casi de manera definitiva, por la lógica de la información de masas (movilero, locutor, entrevistador, periodista analista). Una lógica mucho más eficaz, y con sello de época, en la trama de la sociedad, donde los medios en su “no hacer política” hacen la sustancial política diaria que confirmaría la imprescindible muerte de la política, dejada atrás como lo zángano y corrupto en la vida de los argentinos.

Una lógica periodística del slogan, de la frase compactadora, del título fuerte, del copete “síntesis”, del dato gancho, del impacto efectista, del hallazgo ocurrente, del reduccionismo de corte publicitario “en tres palabras”. Una lógica de la trasmisión diaria en cadena de todos los informativos. Una lógica mediática bandolera, cuyo oficio totalizante ha devenido desvalijar los hechos centrales, quitar del medio los sentidos que importarían ver debajo de la hojarasca, sustraer los significados. Cumplir entonces puntillosamente el repertorio conservador, reactivo y antipolítico del statu quo permanente, mientras se almuerza con Mirtha Legrand: un sentido común esparcido, siempre logrado, que el dominio entre bambalinas del país y las apetencias del mercado capitalista necesitan para explicar el mundo. Todo se “compra”, todo se “vende”. Por lo tanto lo único cierto es “el mercado”. La mercancía informativa expone un supuesto mundo a su imagen y semejanza, como lógica que rotula y marca tecno-masivamente a la ciudadanía.

Ejemplo uno de atraco mediático. La Presidenta dijo en la Plaza: “desde una corporación, cuatro personas a las que nadie votó, a las que nadie eligió, se reunían, deliberaban, decidían y comunicaban al resto de los argentinos quién podía andar por las rutas del país y quién no”, significando que ningún sector o instancia civil puede asumirse ese poder, salvo el Estado y el gobierno elegido por voto, que puede plantearse esa acción interruptora bajo conmoción o conflicto grave interno y externo, o en circunstancias excepcionales de un orden amenazado. Los grandes medios gráficos, radiales e informativos concentrados, transformaron sin embargo inmediatamente esa frase sobre los representantes del agro, en: “cuatro personas a las que nadie votó”, como si la Presidenta ignorase algo que sabe hasta el menos avezado de los ciudadanos: que efectivamente fueron votados, gremialmente, para gobernar las normales tareas de cada asociación. Pues bien, sobre esa falacia extrema de poda mediática, se montó el mayor sintagma explicativo de las últimas 72 horas para recalentar las aguas del conflicto.

Ejemplo dos de sustracción mediática. Durante estos cien días y pico de dura protesta que planteó el lockout agrario, un acontecimiento extraordinario superó al resto de las noticias, de los datos, cifras, diferencias y voces. Y ese suceso fue el corte de rutas o tractorazos permanentes que asolaron el país, lo desabastecieron de alimentos, suministros y libre paso de la gente, hasta alcanzar grados de caos y de sociedad “en abismo”. Pues bien, en todo este lapso no hubo ni varios programas, ni los necesarios, ni un solo programa (desde los medios de masas más concentrados y de buena audiencia) que se haya dedicado exclusiva y totalmente a tratar, señalar, reflexionar y condenar con pelos, argumentos, señales, voces y comentaristas esta producción reaccionaria sobre la escena nacional: el país cautivo por los “buenazos mateadores” de las banquinas. Por el contrario, el accionar mediático provocó una inmensa platea social, para la cual ese dato vertebral y nocivo a una institucionalidad democrática con su régimen de partidos, fue absolutamente naturalizado, neutralizado, aceptado, velado en los reales sentidos que portaba de violencia, autoritarismo y brutalidad anticomunitaria.

Qué te digo cuando te digo

Tanto uno como otro ejemplo de manipulación mediática (entre otros) que involucran nada menos que la palabra presidencial y la operatoria anticiudadana mayor de estos tres meses, grafican claramente el estado mental y de conciencia de gran parte de los argentinos, en cuanto a saber de qué se tratan las cosas, que está sucediendo en su país, qué está en juego en los desacuerdos, y qué representan los diversos actores de la escena.

Puede decirse entonces, como perspectiva de comprensión de la crisis nacional, que la posibilidad de avance hoy de un gobierno democrático institucional (que se autoidentifique con amplios sectores populares sufriendo distintos grados de injusticia y postergación de sus derechos sociales) pasa también y de manera cada vez más acuciante por una instancia de desmontar diariamente un orden que cuenta las cosas (para la probabilidad de modificar tales cosas).

Una contienda que sin duda no remite a ninguna Secretaría de Cultura ni a un Ministerio de ciencia pensado casi exclusivamente para la tecnoindustria, sino que remite a la pura política actuando culturalmente, en estado de constante actualización de sus concepciones de masas, hacia las masas y con las masas. Teniendo en cuenta que la disputa neurálgica en nuestra democracia –en un mundo como el actual bajo dinámica transcultural de derecha– es quebrar constantemente disposiciones interpretativas dominantes. Querellar un orden de los imaginarios en cada coyuntura. Expropiar dimensiones simbólicas de masas educadas y formadas por los propios adn del sistema de alienación en su edad audiovisual expandida. Compenetrarse del clásico, y para algunos superado, tema de las ideologías y de las clases sociales, tal cual enseñaban los libros marxistas tan vendidos en la calle Corrientes años atrás.

En la Argentina de estos días se evidencia que el debate por los significados es una lucha comunicacional de masas donde se juega suerte y destino de cada política. Algo similar sucede en América latina. La época democrático popular y todas las izquierdas necesitan un nuevo ensayismo de análisis y de masas cotidiano, que amalgame herencia de sociólogos, de periodistas, de nietos de Jauretche, de intelectuales y cuadros políticos que digan y disputen palmo a palmo conciencias ciudadanas demasiado golpeadas y desorientadas en la última década. Desenredar a las palabras del astuto pastiche mediático de cada jornada. Tratar de llevarlas a un sitio donde les dé de vuelta el aire y las refresque.

Hoy esas palabras, y las definiciones que componen, no muestran. Esconden. Cuando en la “gran radio y la gran TV” se dice tan ecuménicamente “dialogar” se está diciendo en realidad quitar las retenciones. Y cuando se dice pastoralmente “pacificar”, o “buscar la unión de todos los argentinos”, se dice también y solamente quitar las retenciones. Y cuando se hace referencia a un Parlamento con mayoría oficialista por una cuestión de votos, se dice “escribanía para la firma”, “mano de yeso”, o se postula como nueva “calidad democrática” una increíble cámara de legisladores desagregada en “cientos de posturas” cada una por su lado como “las miles de historia de la ciudad de San Francisco” protagonizada por Karl Malden en los ’70.

La “objetividad” mediática

Los medios de comunicación imponen su bestial “diagrama institucional” bajo una horma de mercado que hoy reina soberana. Implantan su matriz de acuerdo a la programación emisora, su valor de lo que sería democracia, la virtud de un votante apolítico que en realidad no debe saber ni siquiera a quiénes elige cuando elige, porque debería votar átomos “libres” de compromisos partidarios. En esa misma dimensión mediática y formativa del espíritu (como dirían los idealistas alemanes del XIX) se organiza un mensaje a repetición con muy pocas variaciones: los gobernadores e intendentes que estructuran la política son todos “rehenes o secuaces de la chequera”, las concentraciones populares son “mercenarios a cincuenta o cien pesos por cabeza”, el Estado de nuestra democracia “una máquina que le está metiendo las manos en los bolsillos a usted señor oyente todos los días”, la adhesión de Hebe de Bonafini a Cristina Fernández “cinco palos puestos sobre la mesa”, y la Presidenta “una secretaria de Kirchner”.

Se asiste diariamente a la desmembración ideológica de lo democrático desde la absoluta irresponsabilidad de los dueños del mensaje, una suerte de aquelarre mediático disolvente de todo valor, y donde no existe propuesta alternativa ni referente ni el menor asombro ante cualquier cosa: estadio societal plausible de ser simbolizado con la pregunta con que Marcelo Bonelli inicia su entrevista con Elisa Carrió la semana pasada en A dos voces de TN: “¿Y doctora, el Gobierno sigue robando?”. O el comentario de un periodista de Radio Mitre a la tarde, Marcelo Moreno, que luego de una entrevista que me hace un programa, de escuchar mis reflexiones críticas al agro, y de cortar la comunicación, cerró el reportaje diciendo al aire: “cuando escucho a este tipo de intelectuales tengo ganas de vomitar”.

Es indudable que en el campo de la contienda política por el significado de los hechos, y sus consecuencias, es donde el Gobierno viene perdiendo terreno en manos de un poder que desgasta, desvaloriza, deslegitima, sin dar cuenta de sus emisiones y sin que nadie le pida cuentas políticas de sus responsabilidades e intereses en los marcos del conflicto. Más allá de sus errores, que los tiene abundantes en la crisis del agro, ése es el dato del presente democrático argentino: si el Gobierno no asume este desafío con el despliegue de todos sus recursos humanos, su proyecto democrático carece de la consistencia persuasiva que la época exige.

La plaza de las Trillizas


Hace rato que el campo seduce a la ciudad, tanto como la ciudad seduce al campo. “Yo estoy con el campo”, se leía ayer en las pancartas cuadraditas que exhibían jóvenes de look Cardon, una marca que, dicho sea de paso, tiene en Palermo su “torre rural”. Parece una bizarrada argentina, y acaso lo sea, pero en el sitio web de la marca que impuso la ropa de estancia entre jóvenes y adultos que de estancieros tienen poco, se indica que sus emprendimientos inmobiliarios se originaron en el deseo de que la gente del campo “se sienta en la ciudad como en su casa”.

Algunos barrios de esta ciudad, anoche, estuvieron con el campo, aunque no se sepa muy bien cuál es el lazo que se estrecha, más allá del espanto que los une, y que es el gobierno kirchnerista. Iba a pasar tarde o temprano, pero seguro iba a pasar ante alguna señal concreta de que había llegado la hora de redistribuir un poco, un poquito, algo de lo que tienen y nunca en la historia han cedido de buena fe o buena gana.

Las Trillizas de Oro lo supieron antes que muchos, y por eso hicieron buenos matrimonios: acabado hace rato su cuarto de hora, las chicas fueron noticia solamente porque las tres eligieron casarse con polistas. Hay un glamour polista que recoge cierta muchachada bilingüe, un toque de distinción en alpargatas, un manierismo de mate con la peonada, un aire de familia numerosa y divina que aunque argentina, es rubia y fina. La base social y cultural del nicho citadino que no tiene empacho en arrebatarles a los piqueteros sus piquetes y que desembarcó en las calles con entusiasmo de debutante, encanto del polista.

A propósito, el lunes 24 me equivoqué de marcha, y en lugar de ir a la de los organismos de derechos humanos aterricé en la de las agrupaciones de izquierda. Quien se atuviera a lo que allí se megafoneaba, jamás hubiese comprendido este país, que un día después, un solo día, ofreció en el mismo escenario el espectáculo del sector agropecuario forzando rebelión en la granja.

A pesar del arrebato con el que estas líneas están siendo escritas, hay al menos un par de cosas claras. Quien votó a Cristina Kirchner se presume que votó algo parecido a lo que pasa. Medidas que redistribuyan riqueza. ¿Por qué hasta ahora no se tomaron medidas como éstas? Porque medidas como éstas no son gratis. Porque la riqueza no se suelta. Porque no hay lógica ni ideología capaces de arrancarle a un sector privilegiado algo de lo que tiene. Porque a la redistribución de la riqueza hay que acompañarla y sostenerla y defenderla de la reacción que provoca. Porque para acompañar un proceso de redistribución de recursos y de asignación de torta hay que hablar claro, tener coraje y poner el cuerpo y la cabeza a favor de ese cambio. Porque es más fácil, desde un progresismo previsible, rancio y fofo, seguir boludeando con el bótox o las carteras de la Presidenta.

Hoy hay miles de personas en las calles con pancartitas que dicen “Yo estoy con el campo”, sin que eso signifique otra cosa que estar en contra de este gobierno y de las medidas que pueden rozarles las ganancias. Así ha sido siempre. Siempre han estado a favor de quien les done favores y en contra de quien se los recorte. No los mueve nada más que el bolsillo. No hay otra ideología que el bolsillo, aunque usen alpargatas y salgan de padrinos del hijo de un peón.

A elegir

Por Eduardo Aliverti

Cuando algo cansa hasta el extremo en que ya lo hace el conflicto entre el Gobierno y el movimiento campestre, se incrementan las probabilidades de que los cansados pierdan la poca o mucha vocación y capacidad analíticas que puedan tener y se dejen ganar por el desinterés. Y hay pocos pasos entre la displicencia popular y la victoria de quienes se valen de ella para imponer sus privilegios de sector.

Un intento de resumen podría ser, hasta acá: a) que el Gobierno eligió la extraordinaria renta agraria como su fuente principal de recursos y como único modelo de eventual desarrollo, sin entrar a considerar si explotar de soja y aprovechar la demanda internacional de forrajes es un programa adecuado y sustentable; b) que en esa lógica decidió incrementar lo que les retiene a los exportadores, quienes socializan las quitas con los productores; c) que esa decisión fue comunicada en marzo último de manera trasnochada; d) que esa frialdad informativa potenció el enojo insaciable de los dueños y arrendatarios de la tierra, dejando –junto con la ausencia de medidas efectivas para pequeños y medianos productores– un flanco imperdonable que permitió la unificación de grandes y chicos en una protesta activa de características inéditas desde el retorno democrático; e) que los unos y los otros emplearon el conflicto para entrar al terreno de la disputa retórica por el modelo de país, mudando la pelea desde un problema sectorial hasta otro en el que se juega quiénes ganan el relato nacional: si el populismo que defiende una tibia intervención estatal en los resortes distributivos de la economía, o los bloques dominantes que creen que el único modelo eficaz es un mercado regulado por ellos y en el que “el campo” viene antes que la Nación como matriz fundante; f) que presos de esa dinámica discursiva quedaron también sujetos a no poder retroceder, ni ante la sociedad ni frente a sus apoyos sectoriales, en la negociación propiamente dicha; g) que lo anterior se tradujo en que ni el Gobierno podía ni puede mostrar que cedió en varios puntos, incluyendo el de revisar el monto de las retenciones a futuro; ni los ruralistas podían ni pueden ceder en sus aspiraciones de máxima, so pena de quedar desacreditados ante una mano de obra sojo-piquetera que ya adquirió rasgos de vida autónoma; h) que como frutilla del postre se sumó a esa dinámica el desmayado mamarracho opositor, estimulado a reanimar fuerzas codo a codo con lo peor de la historia de este país; i) que mientras tanto descansan plácidamente escondidos los oligopolios agroexportadores, los pool de siembra, Monsanto: ni el Gobierno ni la gauchocracia señalan a esos extraordinarios ganadores de la República Sojera y adyacencias, porque el uno quedaría en orsay respecto de su verba nac & pop y los otros ni qué hablar acerca de cuánto de patriótico tiene su lucha.

Seguramente, la enumeración podría agotar el abecedario pero lo que el periodista juzga como liminar está allí y es más: quizá convendría reducirlo a que en este rincón hay un gobierno encerrado en decisiones de círculo estrechísimo, para encarar su “épica” de negocios y módica apropiación de Estado sobre las ganancias de una porción de la clase dominante; y en la esquina contraria, una oligarquía ya más de la cabeza que de poder real, unida a una nueva clase media agraria de los pueblos y ciudades del interior, más dirigencia política que se les subió a babucha. Y más simple también: gobierno conservador de rasgos progres contra conservadores igual de brutos y brutales que toda la vida. Puede que, en virtud de las comparaciones, ruborice un tanto rotular como “conservador” al kirchnerismo. Pero en lo sustantivo, el modelo neoliberal permanece casi intocado y hay que animársele a la palabrita en tanto y cuanto no sea a secas. Si acaso esto último se presta a la polémica, respecto de la vereda de enfrente ni siquiera hay espacio para tal cosa.

Lo que ayer se amuchó en Rosario es una expresión inigualable del pensamiento más reaccionario de esta sociedad, en algunos casos representado por los grupos tradicionales del privilegio; en otros por la inconsciencia social de sectores medios, urbanos y campestres, unidos bajo la bandera del individualismo pequeño burgués y la genética gorila; y en otros por el oportunismo político de liberales y hasta de tribus que se dicen de izquierda. Si se le agrega que se les sumó la Iglesia, sólo que con el cinismo de vías indirectas, el cartón está lleno salvo por un casillero faltante que es la buena noticia: no hay partido militar. Tampoco acompaña el resto del establishment, es cierto, beneficiado por el tipo de cambio alto, la recuperación del poder adquisitivo de algunas franjas medias y, a pesar de que el estilo gubernamental no les resulta muy simpático, la certeza de que el oficialismo es lo único que hay en condiciones de administrar la política. De hecho, están negociando un acuerdo a largo plazo que el Gobierno quiere presentar como el Acuerdo del Bicentenario. Pero las medidas de fuerza del movimiento campestre perjudicaron el clima de buenos negocios, y ya advirtieron que sin el concurso del “campo”, en un país agropecuario, el pacto no tendría sentido. De manera que no se está ante un conflicto menor, porque el poder de fuego de los gauchócratas, lejos de ser todopoderoso, ya demostró que sí les alcanza para lastimar. En el funcionamiento concreto de la economía y en el hecho de que, por un cúmulo de factores, se reaglutinó en torno de ellos un pedazo considerable de la derecha (si quiere vérselo desde una categoría de diferenciación con los rasgos progres del kirchnerismo) o de la derecha de la derecha (si se prefiere juzgarlo con ortodoxia).

El Gobierno está herido y comenzó su desgaste notablemente antes de lo imaginado. Consumió buena parte de su capital político, en gran medida gracias a deficiencias propias que pudo evitar con algo menos de arrogancia y algo más de muñeca. Pero chuparse el dedo frente a lo que juntó en contra sería una ingenuidad de proyecciones peligrosas. Correrlo por izquierda para que se eleve su techo, que hasta ahora es pobrísimo, no debería significar desprecio por el piso o subsuelo que se alcanzó. Y uno de los mosaicos de esa superficie es que el Estado tiene derecho a apropiarse de rentas descomunales, como las del “campo”. Que no haga lo mismo con las tasas de ganancia de otros sectores no invalida lo que sí afecta.

Ayer fue el Día de la Escarapela de Soja y no hay lugar para distracciones. Hay el pecho y hay el culo. Que cada quien se haga cargo de dónde se la pone.